jueves, 1 de marzo de 2018

El título de 'Nuestro Padre' aplicado a Jesús

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Daniel Cuesta SJ

Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Silencio, que procesiona en la Madrugá sevillana 

02 de marzo de 2018

El primer viernes de marzo es el día en el que multitud de pueblos y ciudades celebran su tradicional besapié a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Pero en no pocas ocasiones nos encontramos con que este título, con el que los fieles veneran al Señor con toda naturalidad desde hace siglos, no es bien recibido ni aceptado por muchos miembros de la Iglesia. No falta el sacerdote que, teniendo que predicar en la Eucaristía en honor del Nazareno, hace verdaderas filigranas para no pronunciar las palabras "Nuestro Padre Jesús" ni siquiera cuando enuncia el nombre de su cofradía titular. También se conocen casos, sobre todo entre las hermandades de nueva creación, en los que se ha tenido que cambiar el título de "Nuestro Padre" por otros que se han juzgado más propios como son el de "Nuestro Señor", "Nuestro Redentor" o "Nuestro hermano".

No hay duda de que este interés por el ocultamiento o el cambio del título vienen ligados a una inquietud pastoral. Dirigirse a Jesús con el apelativo de "Padre" puede dar lugar a equivocaciones entre los fieles, ya que estos podrían confundir a la primera y a la segunda persona de la Trinidad. Sin embargo, creo que, pese a que ese peligro exista, la mayoría de los fieles que reza a Jesús con el título de "Nuestro Padre" tiene claro que se dirige a Jesucristo, el Hijo de Dios Padre. Pero, pese a todo, cabría hacerse una pregunta todavía más de fondo y es la de si es correcto el uso de dicho título para referirse a Jesús, o en realidad se trata de una desviación de la religiosidad popular que se debe corregir.

Creo que no descubro ninguna incógnita al afirmar que, en mi opinión, el título de "Nuestro Padre", aplicado a Jesús, es algo correcto. Basta con conocer mínimamente la historia de la Iglesia y los escritos de los Padres para saber que existen multitud de títulos complementarios que pueden aplicarse a la persona de Cristo. A modo de ejemplo se pueden citar las distintas letanías con las que podemos dirigirnos al Señor, así como la conocida obra literaria De los nombres de Cristo en la que Fray Luis de León estudia multitud de formas de nombrar a Jesús. Pero, volviendo al tema que nos ocupa, lo cierto es que el título de "Padre" aplicado a Jesús está ya presente en los escritos de los Padres de los siglos II y III. En concreto podemos encontrarlo en textos de Melitón de Sardes, del Pseudo-Hipólito, la Carta a Diogneto, la Segunda Epístola de Clemente, los Acta Petri, Acta Ioannis y Acta Thomae (1). Esta lista de documentos nos muestra que no estamos ante un caso aislado y localizado, sino que se trata de algo extendido y consolidado en los primeros siglos del cristianismo.

Ahora bien, no basta con saber que el título de "Padre" fue usado por los Padres, sino que es necesario preguntarse en qué sentido o con qué matiz lo utilizaron. Precisamente porque esto puede posibilitar que la devoción que en el siglo XXI profesamos a Nuestro Padre Jesús sea más profunda y madura, y no se quede en la superficialidad con la que algunos la acusan. Es por ello por lo que me gustaría exponer mínimamente cuáles son los dos sentidos fundamentales con los que dichos Padres se refieren al llamar "Padre" a Jesucristo.

En primer lugar, habría que entender el hecho de dirigirse a Jesús como "Padre" desde la perspectiva de la Trinidad. Es decir, la paternidad de Cristo se comprende asociada a la paternidad de Dios. Para ello, los escritores cristianos de los siglos II y III aluden constantemente a aquellos pasajes del Evangelio (fundamentalmente de Juan), en los que Jesús afirma su identidad e identificación con el Padre: "El Padre y yo somos uno" (Juan 10, 30); "De este modo podríais reconocer que el Padre está en mí y yo en el Padre" (Juan 10, 38); "El que me ve a mí, ve al Padre" (Juan 14, 9); "Te pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti" (Juan 17, 21). Por tanto, si Jesús es uno con el Padre, Jesús es también "Padre" de la Creación (y por tanto de los hombres) sin perder por ello su condición de Hijo de Dios.

En segundo lugar (sin perder la complementariedad con lo anterior), estaría la serie de textos que se refieren a Jesús como "Padre" intentando explicar de un modo metafórico la divinidad de Jesucristo. Así, los autores de esta época utilizan ciertas categorías y epítetos que tratan de apuntar con palabras a la realidad única, infinita e ininteligible del misterio de Cristo: el Hijo de Dios muerto y resucitado por nuestra salvación. Dentro de este elenco de escritos destaca el obispo Melitón de Sardes, quien en un escrito titulado Acerca de la Pascua afirma de esta manera tan bella y poética:

El cual (Cristo) es todo:
ley en cuanto que juzga,
Logos en cuanto que enseña,
gracia en cuanto que salva
Padre en cuanto que engendra
Hijo en cuanto que es engendrado,
oveja en cuanto que sufre,
hombre en cuanto que es sepultado,
Dios en cuanto que resucita.

Por todo lo visto hasta ahora se puede concluir que es correcto seguir utilizando el título de "Nuestro Padre" aplicado a Jesús, tal y como ha hecho la tradición de la Iglesia desde sus inicios y como han sabido promover y cuidar las cofradías con sus piadosas usanzas. Es cierto que, en nuestra cultura, tan secularizada en ocasiones y con tan poca formación religiosa en muchos casos, se debe atender a que el uso que se haga de este título sea el correcto y no dé lugar a desviaciones que confundan al pueblo. Pero creo que querer desterrar o hacer desaparecer un título tan tradicional, únicamente por miedo a una posible perversión, constituiría un error, amén de una gran pérdida para la religiosidad popular.



(1) Vid. Cantalamessa, Raniero. Il Cristo 'Padre' negli scritti del II-III sec. Rivista di Storia e Letteratura Religiosa. 3 (1967), 1-27. Grossi, Vittorino. Il titolo cristologico 'Padre' nell'antichità cristiana. Augustinianum. 16 (1976), 237-269.


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