miércoles, 18 de abril de 2018

¡Feliz Pascua, hermanos!

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Pedro Martín

Dos cofrades de la Vera Cruz se abrazan el Domingo de Resurrección, en el inicio de la Pascua  | Foto: Alejandro López

18 de abril de 2018

Saluda la mañana de Pascua resplandeciente después de un Viernes Santo pasado por agua. Ya de madrugada, recibo en los numerosos grupos de las redes sociales la felicitación de tan feliz acontecimiento para los cristianos, para todos, pero también para esos que nos hemos afanado en llevar a las calles la pasión de Nuestro Señor Jesucristo y que culmina en esta gloriosa mañana. Como dice San Pablo en su Carta a los Corintios, "si Jesús no hubiera resucitado, vana es nuestra fe".

Pues bien, llegado de mi trabajo, en mi última mañana de Pascua como máximo responsable de mi congregación, me incorporo a la procesión de resurrección en el Acto del Encuentro, para dar público testimonio de fe junto a mis hermanos y mi iglesia diocesana representada por su pastor, nuestro obispo, y con el corazón lleno de alegría repito la salutación "¡feliz Pascua hermano!" a todos y cada uno de los hermanos mayores allí presentes.

Y aquí es cuando se me entristece el alma, pues solo pude hacerlo en cuatro ocasiones, solo cuatro incluido el anfitrión. Se quedaron en mis brazos y mis labios doce "¡feliz Pascua, hermano!", doce hermanos que no recibieron mi cariño en persona –las redes sociales son pura formalidad en estos casos–.

A medida que trascurría la procesión, mi corazón se entristecía más, y sin juzgar a nadie –sus motivos tendrá cada uno de ellos para no acudir– resulta que buena parte de los aludidos recibieron mi felicitación y la de los integrantes de la procesión a distancia, según pasábamos, pues eran meros espectadores en las aceras de un hecho que les reclama como protagonistas principales. Hermanos, no nos representamos a nosotros mismos, representamos a nuestras hermandades y, por ende, a toda la Semana Santa de Salamanca. Y en ese día proclamamos con nuestra presencia que Jesús ha resucitado y creemos en ello. ¿O no lo creemos?

Espero y deseo que nadie se quede en la tristeza del Viernes Santo, en la comodidad de mi propia hermandad, pensando que tras mi procesión “todo está consumado”, encerrado en mi propia parroquia, celebrando la pascua "con los míos", en mi propio cenáculo. Os animo a salir a la calle a proclamar la Buena Nueva como colectivo de fieles, uno de los más importantes a nivel asociativo de la diócesis. Y sí, somos los hermanos mayores los que tenemos que ir por delante. No lo olvidemos, hermanos, os eché de menos en mi "última pascua".

¡Feliz Pascua a todos!

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