viernes, 6 de abril de 2018

Semana Santa

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Carlos Ferrero

El Encuentro, en el atrio catedralicio, en la mañana del Domingo de Resurrección | Fotografía: Pablo de la Peña

06 de abril de 2018

Hace dos años que no aparezco por estas digitales páginas, pero esta vez no voy a hablar de todo lo que me ha gustado o no en esta Semana Santa del 2018. Allá cada cual con sus gustos y sus preferencias. Esta vez voy a hablar que lo que era y es, para mí, Semana Santa. Y no, no voy a decir eso tan repetido de que Semana Santa es pasión, rezo, creencia. No.

Semana Santa fue nacimiento, porque nacer un Jueves Santo, mientras los hermanos del Arrabal se preparaban en la iglesia para su primera salida procesional, ya te predispone a sentir esta bendita tradición de otra manera.

Semana Santa es escuchar sentado en un balconcillo de un teatro un pregón que, por fin,pellizca ese alma que todo cofrade tiene.

Semana Santa es hacer historia, desfilando por primera vez junto a cincuenta humildes cofrades franciscanos mientras en el resto del mundo más de ochocientas personas consagradas rezan al unísono por la paz en los Santos Lugares.

Semana Santa fue orgullo azul, ahora es compromiso azul, es estar con tus devociones dejando a un lado los disgustos que te dan los que ahora manejan los designios de la Ilustre. Ellas, las devociones, no son culpables de las decisiones humanas.

Semana Santa fue y sigue siendo familia. Cuando llega esa época de la vida en la que por Navidad ya no te juntas con tus tíos y tus primos, te queda esta época del año para poder reunirte con ellos. Hacer kilómetros para, si Dios quiere, hacer una "tiradina" con el paso que desde muy pequeño ha sido y es como tu familia.

Semana Santa es ver a filas de infantes papones dando la manita e incluso algún abrazo a otros infantes que están viendo la procesión en las aceras.

Semana Santa es esa lágrima que surge a un hijo, cuidador de su padre con alzheimer, cuando un bracero se acerca a darle una flor del paso y el enfermo dice "Prendimiento" al recordar o reconocer el paso que pujó. O la de ese otro hermano que te da un abrazo lloroso cuando al finalizar la procesión le entregas una flor del paso que pujó durante años y del que una dolencia cardíaca ha separado.

Semana Santa es procesionar al lado de tu mujer junto al Resucitado más bonito del mundo, porque lo es, y así te lo ha pedido ella.

Semana Santa es un café y un chupito quincenal en compañía de unos amigos tan "locos por esta pasión" como el que esto escribe.

Eso empieza a ser para mí la Semana Santa. Lo demás ya solo es un periodo de tiempo que dura diez días, en el que cada uno ve lo que quiere ver y siente lo que siente, si es que lo siente.

He comprendido, tarde eso sí, que cada uno tiene un concepto distinto de Semana Santa. Y yo me quedo con el concepto "momentos disfrutados".

Y para vosotros, ¿qué es Semana Santa?


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