domingo, 4 de noviembre de 2018

'Tontoletras' de capirote

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J. M. Ferreira Cunquero

Fotografía: JMFC

05 de noviembre de 2018

Qué gran fortuna es esta de leer a un menda que tocado por el alucine de los tontos, en un medio digital, quiso ser escritor durante un rato, para que los cuatro palmeros que militan en el analfabetismo funcional puedan sentirse en la gloria unos segundos.

Transcribo letra por letra, sin tocar espacio ni eludir la armonía de tan interesante viruela gramatical, para que nuestros sucesores, en los siglos venideros, puedan deleitarse con lo que tan iletrada figura compartió con la plebe:

#41 - HIPOCRESIA  los mas ca... y todo lo peor que eude haber estan ahi metido eta semana todos santos y coiendoselos con patatas pero luego se acaba la semana santa y son los mas hp lo perdor de la sociedad metidos en habitos dandose de buenos y claro dios los perdona. que asco de semana santa.

No haría falta ni añadir una sola letra para desentrañar qué tipo de personaje puede escribir tal sarta de gilipolleces. Por otro lado no tenemos interés alguno en descubrir quién puede estar parapetado detrás de esas letras tan mal reunidas, aunque por mera caridad podríamos recomendar a tan insignificante autor que se matricule (como decíamos en nuestros lejanos tiempos infantiles) en una escuela de cagones.

Lo grave de estos anónimos, secuaces de la cobardía, es la ignorancia crónica que padecen. Y digo ignorancia, porque desconocen con toda seguridad que, ante una denuncia en el juzgado por difamación en un medio de comunicación digital, estarían localizados con nombre y apellidos en menos de media hora. Son tan mentecatos que llegan a creerse que forman parte de un tinglado secreto intocable cuando, en soledad, consiguen con un teclado poner el mundo a sus pies.

Pero lo realmente peligroso e intolerable es que la Semana Santa cofradiera pueda cobijar a estos bandoleros del insulto y de la injuria por miedo o por aquello de mantener como sea la militancia cofrade. Y es que, como norma general, las cofradías miran hacia otro lado cuando la ofensa la reciben los del otro lado de la calle, dando la impresión de que estos delincuentes del insulto, cuando rebuznan, encuentran en nuestro cobarde silencio el apoyo que necesitan para seguir balando como las cabras…

Y viene a cuento recordar cómo no hace tanto tiempo se empapeló la ciudad con panfletos estilo nazi, para dañar la honorabilidad de un hermano cofrade, mientras se zarandeaba de una forma vil la tranquilidad de su familia.

No puede entenderse de ningún modo que, bajo la gran carpa semanasantera, estas actitudes anti cristianas encuentren cobijo y mucho menos que se ría la gracia, sin valorar el gran daño que se le está haciendo a miles de cristianos, que ven en la religiosidad popular un válido complemento para reactivar su compromiso con la fe.

No puede comprenderse que alguien que escribe una mamarrachada como la transcrita pueda vestir un hábito o soportar sobre sus hombros cualquier imagen. Solo la falta de formación cristiana y la escasez de conciencia humanista puede justificar una tropelía tan repugnante.

Algo debería hacerse para poner coto a ese excremento de opiniones que, gracias a la libertad digital, pueden expandir con tanta alegría los tontoletras de este tiempo. Mientras tanto, solo nos cabe acoger y perdonar…


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