lunes, 3 de diciembre de 2018

¿Cristianos? ¡Qué asco!

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J. M. Ferreira Cunquero

Mosaico Ain Karen (Tierra Santa)  | Foto: JMFC

03 de diciembre de 2018

"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia".

¿Qué podemos pensar ante este artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando los seguidores de Cristo sienten persecución, clamando justicia por toda la tierra?

Más de 200 millones de cristianos están siendo perseguidos como ratas en diferentes lugares del mundo. ¿Qué podemos hacer ante estas cifras demoledoras que acaban de ser publicadas?

Datos escalofriantes que deberían hacernos sentir, en el ADN de la fe que nos une, el vínculo familiar que firmó desde la cruz con su sangre, en las escrituras del tiempo y de la historia, el Señor de la vida.

3.066 cristianos han sido arrojados a las alimañas del fanatismo en el circo de este tiempo, durante el último periodo analizado. 793 iglesias fueron atacadas, mientras que 1.922 cristianos fueron detenidos por expresar de algún modo su pertenencia a esta Iglesia universal, que lleva como sello en el mismo corazón de sus tesoros la verdad de la Palabra.

A cuenta de este miserable genocidio, se celebran, cada dos años, en todos los países del mundo, manifestaciones oracionales para dejar constancia del compromiso de hermandad que debemos tener con quienes sufren este acoso salvaje en tantos y tan diversos lugares del mundo.

Esta fue la razón por la que la Hermandad Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad y los Hermanos Menores Capuchinos de Salamanca promovieron una eucaristía oracional en la iglesia de San Francisco hace quince días. Con sencillez y sin grandes pretensiones, se acometió ese nexo de unión de millones de cristianos que, por todo el mundo, en esa fecha, reflexionaron sobre ese grito de auxilio que está surgiendo en torrente del corazón herido de nuestra Iglesia.

Quienes vocean con facilidad ante cualquier ataque sufrido por la tontuna pitiminí de la charanga mundial callan, como viles cobardes, ante esta masacre que padecen  millones de seres humanos. Pero la bilis anticristiana expande el rencor ante esa verdad evangélica, que abre caminos hacia la libertad, ajena a amos o reyes terrenales de este o cualquier tiempo.

¿Dónde se esconden los gobiernos y los políticos del mundo ante esta aniquilación mundial que sufren los seguidores de Cristo?

Tendríamos que preguntarnos con seriedad si no habrá llegado la hora de que las cofradías despierten de ese letargo procesionero que no deja ver el posible camino que deberíamos estar recorriendo desde hace años todos juntos…

Pero la sociedad está inmersa en un anticlericalismo que sigue montando con afán desbordante los antros populistas, donde se regala el chocolate mentiroso de este tiempo.

Sí, estos son días para defender el derecho de cualquier estupidez mental, mientras se cierran las orejas a ese exterminio que sufren millones de seres humanos por defender sus creencias religiosas.

Mientras tanto, millones de cristianos sentirán el cuchillo del desasosiego en la garganta y, como héroes anónimos de nuestro tiempo, entregarán la vida por seguir a quien eternamente los sentará a su lado…


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