jueves, 14 de marzo de 2019

Los evangelios apócrifos en la Semana Santa de Sevilla

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Daniel Cuesta SJ

Imagen de portada del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, de Daniel Cuesta en Ediciones Alfar

15 de marzo de 2019

¿Se convirtió Pilato al cristianismo después de la Resurrección de Cristo? ¿Por qué defendió Claudia Prócula a Jesús delante de su marido durante la Pasión? ¿Era realmente una seguidora de Jesucristo como nos cuenta la Carta de Pilato a Herodes o simplemente sintió pena por aquel reo inocente contra el que el pueblo gritaba? ¿Fue Bernice, la hemorroísa, aquella mujer valiente que enjugó el rostro sudoroso y cubierto de sangre del Salvador, obteniendo como premio su retrato en su velo? ¿Fue Nicodemo el autor de algún evangelio? ¿Cuáles fueron los motivos de la condena a muerte de los dos ladrones? ¿Se llamarían realmente Dimas y Gestas? ¿Se convirtió realmente Longinos al atravesar con su lanza el costado de Cristo o aquello fue solo un acto rutinario más de su vida como soldado romano? ¿Por qué José de Arimatea decidió dar la cara por Jesús delante de los judíos y enterrarle en su propia tumba? ¿Fue el guardián y custodio del Santo Grial? ¿Llegó a ser consciente Herodes Antipas de que aquel al que había despreciado y del que se había reído era el Hijo de Dios?

Estas preguntas, así como algunas de sus respuestas, tienen su origen en los llamados Evangelios Apócrifos. Son estos una serie de escritos con origen fundamentalmente en los primeros siglos del cristianismo que, por una razón o por otra (normalmente por su exageración, fantasía o falta de historicidad) no entraron en el canon oficial de la Iglesia. La mayoría de nuestros contemporáneos piensan que se trata de una serie de escritos oscuros, que contienen secretos peligrosos que el Vaticano ha querido siempre ocultar por miedo a que constituyan un peligro para la fe católica. Sin embargo, la realidad es bastante diferente, puesto que las historias de los Apócrifos son conocidas desde antiguo y accesibles a todos aquellos que tengan interés en estudiarlas.

El objetivo de los Evangelios Apócrifos no es el de desvelar los supuestos amores de Jesús y María Magdalena (eso es cosa de las novelas históricas), sino el de rellenar y ampliar la parquedad de detalles con la que san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan nos relatan la vida de Jesús en esta tierra, así como su pasión, muerte y resurrección. Así, el Protoevangelio de Santiago se centra en la infancia y juventud de la Virgen María, constituyendo la primera referencia de su Inmaculada Concepción; el Evangelio Árabe de la Infancia habla de la vida oculta de Jesús; el conocido como Evangelio de María (Magdalena) cuenta de modo imaginativo como, tras la Resurrección los apóstoles tuvieron problemas en aceptar que Jesucristo se hubiera revelado a María (sin especificar si esta era su madre o la Magdalena), etc. En estos y otros escritos se inspiraron los mentores intelectuales y espirituales de las obras de arte cristianas y así se los transmitieron a los artistas, dando lugar a una serie de iconografías como pueden ser la del abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada, el descanso en la Huída a Egipto, la Asunción de la Virgen, etc., que se encuentran en muchas de nuestras iglesias.

En esta línea existen una serie de Evangelios Apócrifos que se centran en la pasión, muerte y resurrección de Cristo y que han sido importantísimos en la configuración de las iconografías que hoy contemplamos en las pinturas y retablos dedicados a los ciclos pasionales y, por supuesto en los pasos de Semana Santa. Entre ellos destacan el Evangelio de Pedro, el Evangelio de Bartolomé y, sobre todo, el Evangelio de Nicodemo, que además se complementa con otra serie de escritos menores. Esta última obra pretende, entre otras cosas, narrar en primera persona el testimonio del juicio que sufrió Jesucristo, así como algunos de los detalles de su pasión, relatados por Nicodemo. Por ello, las páginas de este evangelio apócrifo han sido origen de las leyendas en torno a Pilato, su mujer Claudia Prócula, la Verónica, Dimas y Gestas, Longinos, José de Arimatea, Nicodemo y Herodes. En ellos y en su reflejo en los pasos de la Semana Santa sevillana se centran precisamente las páginas del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, publicado recientemente por Ediciones Alfar.

A través de los textos del Evangelio de Nicodemo y de otros complementarios, en las páginas de este libro se tratan de reconstruir los orígenes de la historia y la leyenda que se encuentran detrás de cada uno de estos personajes, así como su iconografía artística y por último su reflejo e inclusión en los grandiosos pasos de misterio de la Semana Santa hispalense. No se trata de una obra cerrada, sino más bien de una puerta abierta a futuras investigaciones, un intento de diálogo con las raíces cristianas de nuestra cultura, con intención de divulgar tradiciones y herencias que, tristemente tienden a perderse.


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