miércoles, 8 de mayo de 2019

Deprisa, deprisa. Despacio, despacio

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Pedro Martín

Un momento de pausa en la procesión de la Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno | Foto: Manuel López Martín

08 de mayo de 2019

¿Qué se considera deprisa en una procesión? ¿Y despacio? ¿Van nuestras procesiones demasiado lentas? O incluso, ¿alguna va demasiado rápidas?

Probablemente el dilema no sea nuevo, pero de unos años a esta parte, nuestras procesiones van, a mi juicio, demasiado lentas. Y no escurro el bulto, no, que hablo en primera persona y de la mía, la que organizo y coordino y que para un recorrido de escasos mil seiscientos metros, invierte más de cuatro horas en realizarlo, incluyendo la estancia en la Catedral.

Otros ejemplos que podemos poner son la procesión de la Borriquilla, con el agravante en este caso del gran número de participantes de corta edad y que, para un recorrido de unos mil cuatrocientos metros, viene tardando tres horas y media aproximadamente.

Tenemos el polo opuesto: la Hermandad Franciscana se ha convertido por derecho propio en una de las más puntuales en las dos salidas penitenciales que ha realizado, rozando las dos horas de procesión para un recorrido de algo más de mil ochocientos metros y con acto en el Patio Chico.

Tampoco podemos olvidar el esfuerzo de la Hermandad del Silencio que, doblando en recorrido a muchas de las cofradías del centro, lo realiza en el mismo tiempo, es decir, al doble de velocidad, por lo que si se quiere se puede ir más deprisa sin duda.

Estos ejemplos son muy ilustrativos de lo deprisa o despacio que puede andar una procesión. Si bien es verdad que la Hermandad Franciscana como ejemplo es muy particular por la ausencia de música, imagen llevada sin andas, menor número de hermanos, no es menos cierto que yo ya echaba de menos esa sensación de niño cuando se podían disfrutar las procesiones una y otra vez sin cansarte, y no solo por la menor afluencia de espectadores, sino por la agilidad de las mismas a la hora de desfilar. Esto ahora es casi imposible.

¿Pensamos en el espectador y lo que ponemos en la calle? ¿Pensamos en los hermanos que sufren parones, a veces imposibles, a pie firme? ¿No será este uno de los motivos por los que nuestras filas están desnutridas? ¿Algún día dejaremos de tener pasocentrismo y entenderemos la procesión como lo que es, un todo?

Si tuviéramos miles de hermanos de fila, ojalá, no quiero ni pensar lo que ocurriría. No imagino al Cristo de las Injurias de Zamora a paso de tortuga como vamos nosotros, o recorridos de Sevilla que superan los diez kilómetros a nuestro paso. Háganse las cuentas, estarían varios días en la calle.

Quizá es momento de ir "un poquito más deprisa".


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