sábado, 29 de junio de 2019

La última lección de don Pedro

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F. Javier Blázquez

Don Pedro, capellán de la Cofradía de la Vera Cruz, muestra el galardón Francisco Rodríguez Pascual 2019 | Foto: JFSB

24 de junio de 2019

Lo dijo muy bien Félix, el presidente de la Tertulia Cofrade Pasión, en la noche ya inolvidable del pasado 22 de junio. En torno a la mesa habíamos sido convocados para reconocer, en un acto emotivo y sencillo, muy familiar, la ingente labor desarrollada por este químico que se hizo profesor para enseñar a los adolescentes y jóvenes que la vida es algo maravilloso y hay que aprovecharla para hacer el bien. Su propuesta la don Bosco, ese apasionado de llevar el evangelio a la juventud, dignificándola por medio de la educación. Su modelo el de María, la Auxiliadora, la que nunca abandona a sus hijos. Años, décadas; décadas y años que pasaban… Esa era su vida hasta que recibió "la llamada". Otra llamada más. Llamado al sacerdocio desde el carisma salesiano, llamado a la enseñanza, llamado al trabajo con los adolescentes… Años y décadas así para que cuando ya creía que todo lo tenía hecho le llame el obispo y le pida que acompañe a una cofradía como capellán. ¡Una cofradía! Pero si él desconocía este mundo y pensaba, poco menos, que para organizar una procesión no hacía falta mucho más. Aceptó no obstante. Se lo pedía el obispo, que no era su superior, y aceptó con humildad. Una constante en su vida.

Por eso Félix estuvo atinado cuando inició el exordio de su discurso protocolario al acto de entrega del galardón que lleva el nombre de Francisco Rodríguez Pascual, otro religioso sencillo y afable que desgastó su vida en la defensa de los valores de la religiosidad popular. A lo largo de la historia de este galardón, que inicia en 1990 su recorrido con el único objetivo de reconocer una labor bien hecha en favor de la Semana Santa o de aquello que la rodea, puede haber habido aciertos y desaciertos. Como en toda decisión humana. El tiempo a veces nos lleva a ver las cosas de distinta manera, resulta inevitable, por eso lo importante es la trayectoria. Y en la relación de los galardonados la mayoría de aciertos es abrumadora. En todo caso, las palabras de Félix fueron certeras: "Este año, con don Pedro, nadie ha podido estar en desacuerdo". Es más, con el tiempo su figura, la de don Pedro, irá creciendo, porque su acompañamiento a la antigua cofradía de la Cruz ha sido de todo menos aburrido. Ha tenido que sortear retos y problemas de envergadura, pero ahí estuvo siempre, en los buenos y en los malos momentos; ahí estuvo para sosegar, para unir, para construir. Y se ganó el respeto de todos, porque todos valoran que siempre le movió el bien de la cofradía. No ha sido fácil, y sin embargo, por difícil que pueda parecer, los hermanos de la cruz, que son de no sé cuántos pelajes, coinciden en ello. Don Pedro es el capellán de todos y está disponible para todos.

La lección del profesor metido a capellán no fue empero la del testimonio de su vida, ni su entrega, que reconocimos y aplaudimos con entusiasmo quienes le arropamos en la Noche cofrade. La última lección que nos dio, de momento, que seguirán llegando muchas más, estuvo en el remate de su improvisada intervención. Después de lo que se había dicho, cierto y con seguridad insuficiente, don Pedro, fiel a sus principios, agradeció la deferencia y remató con las palabras de Cristo en el evangelio de Lucas (17, 7-10), restando importancia a estas cosillas tan del mundo. Él, sacerdote que día a día renueva el compromiso de la vocación, solo había aceptado cumplir con la voluntad de Dios para su vida, atento a la llamada, más bien a las llamadas, de manera que solo cabía decir, como los siervos de la parábola, que "solo era un siervo inútil que nada había hecho salvo aquello que debía hacer".


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