domingo, 13 de octubre de 2019

Será por museos

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Paco Gómez

Entrada del Museo de Semana Santa de Zamora, que custodia buena parte de los pasos de las cofradías de la ciudad

14 de octubre de 2019

"Inútil es volver a los lugares olvidados y
perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño"
(La lentitud de los bueyes, Julio Llamazares)

Dos de las grandes Semanas Santas de Castilla y León se llevan movilizando desde hace algunos años con el fin de poner en marcha sendos ambiciosos proyectos museográficos, ambos de costes millonarios, que parece que enfilan ya su recta final. En el caso de Zamora, donde la Junta Pro Semana Santa ya tiene su museo, se trata de tirar el actual y construir uno conforme a los nuevos criterios del siglo XXI. Mientras, León aspira a convertir su antiguo Seminario en un nuevo espacio donde presentar algunas de sus mejores tallas y galas cofrades –"poner en valor", según el inevitable soniquete político–, gracias a la implicación de la Diócesis, el Ayuntamiento y, en menor medida, las cofradías de la ciudad.

León calcula que podrá tener su museo, completada ya la fase más compleja de incorporar una gran cúpula sobre el patio, antes de que acabe este mismo año. Mientras, Zamora, que moviliza una inversión de seis millones de euros para el futuro complejo, estima que estará listo en 2022. Dos noticias de actualidad que vuelven a poner, aunque sea por simple analogía, la eterna cuestión de si conviene o no a la Semana Santa de Salamanca contar con un museo.

Resumamos rápidamente los principales argumentos. A favor, sin duda, que otras grandes semanas santas lo tienen (considerando que Valladolid al fin y al cabo cuenta con el Nacional de Escultura que le hace el mismo servicio); que permitiría redescubrir el valor de algunas tallas ensombrecidas por lugares deficientes de emplazamiento habitual o por falta de culto; y, por supuesto, que sería un vínculo de 365 días al año con la realidad cofrade, una asignatura en gran medida pendiente en nuestra ciudad.

Argumentos en contra. No hay un espacio verdaderamente ideal para crear el museo (la iglesia nueva del Arrabal está algo fuera del "circuito" y ya tiene otros usos) y, fundamentalmente, ahora mismo es impensable que por unos u otros motivos las obras más valiosas (el Flagelado, la Piedad, el Nazareno…) o las de mayor devoción (Jesús Rescatado, la Soledad…) salieran de sus lugares actuales para incorporarse a un museo.

Así que en este círculo sin salida, siempre se puede optar por –algo muy salmantino– tirar por la calle de en medio. Vistas todas las dificultades, insalvables, a mi juicio sería mucho más conveniente impulsar una política de puertas abiertas en las principales sedes canónicas de nuestras cofradías.

La experiencia de apertura a las visitas de la capilla de la Vera Cruz, con su inmenso patrimonio escultórico y su excepcional contenedor barroco, pone de manifiesto un interés religioso y turístico para los espacios que constituyen la columna vertebral de la Semana Santa de Salamanca.

Hay ya, es verdad, un horario muy amplio para visitar las imágenes que se encuentran en la Catedral. También hay muchas facilidades para acceder al Cristo de la Humildad en San Martín, a los titulares de la Hermandad del Silencio en Jesús Obrero o al Nazareno y al Santo Entierro en San Julián, por citar algunos ejemplos.

Pero también es cierto que el patrimonio de la Hermandad Universitaria o el de la de Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas permanece bajo llave la mayor parte del año. A San Esteban sólo se puede ir de visita turística o alguna celebración eucarística. Con las Úrsulas cerradas y pendiente de su traslado a una nueva sede, hay serias incógnitas sobre el patrimonio de la Seráfica. Y, entre otros casos, no siempre es fácil conocer los horarios de San Sebastián, donde se encuentran Jesús Despojado y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Sea por los casos en los que directamente está cerrado o sea en los que sí puede visitarse, falta una verdadera conciencia de la necesidad de trabajar, desde las propias cofradías y desde las instituciones, en una ruta cofrade que permita acceder –dentro de unas limitaciones lógicas– a estos espacios y además dotar a las visitas de sentido, subrayando su relevancia para la Semana Santa.

Lo demás son obras, andamios, fotos políticas y cifras millonarias que bien necesarias son en otros terrenos. Además, tenemos la suerte, en Salamanca, de poder decir: será por museos.


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