jueves, 30 de abril de 2020

El mes de María

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Eva Cañas

La Dolorosa de Montagut, que procesiona en la tarde del Jueves Santo | Fotografía: Pablo de la Peña

01 de mayo de 2020

Estrenamos el mes de mayo, confinados. Este es el mes de María, de la madre de Jesús, de la madre de todos nosotros. Quizás en ella y en su regazo encontremos la paz y el sosiego que necesitamos en un momento tan extraordinario y complicado como el que estamos viviendo.

Cada cofrade salmantino tiene su advocación, una misma Madre con diferente rostro pero la misma alma y sentido. Puedes encontrar consuelo en la tuya. En la Virgen de la Palma, que cada Domingo de Ramos arropa a miles de niños en las calles de Salamanca. Por la tarde, busca la Caridad y el Consuelo en la Virgen de Jesús Despojado.

La Virgen de la Amargura aliviará todos nuestros pesares, y Nuestra Señora de la Sabiduría está en la mente de nuestros científicos, que persiguen la vacuna o el tratamiento más acertado frente al coronavirus. Y sí, seca tus lágrimas junto a la Madre de Nuestro Padre Jesús Flagelado.

Mayo también es el mes de las madres, las nuestras, la de cada uno, el de María Nuestra Madre, la Madre del otro lado del Tormes, la del Arrabal. La Dolorosa de Montagut siempre vela por tus sueños, te arropa… te alivia las heridas.

Y en los días y las noches de confinamiento, mantén siempre la Esperanza, piensa en verde, el color de la Madrugada charra. Tampoco de olvides de los brazos de la Piedad, en su calidez y su abrazo, aunque sea virtual, no real.

La parroquia de San Pablo da cobijo a una María que alivia nuestras angustias, las preocupaciones de salud o empleo que nos rondan en nuestra cabeza cada día. La enfermedad, propia o ajena, los fallecimientos… duelen como espadas, las que traspasan el corazón de Nuestra Señora de los Dolores.

Y no, nunca te sientas sola, la Señora de Salamanca siempre estará contigo, como en la noche ya del Sábado Santo, y de los 364 días restantes. Y no siempre el silencio puede significar tantas cosas, como la Madre de todo un barrio, el de Pizarrales. Y cuando termine todo esto, y volvamos a la normalidad, saldremos de la mano de la Virgen de la Alegría, la fiel compañera de Jesús Resucitado. ¡Volveremos! Hay que tener fe, y rezar.


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