martes, 14 de abril de 2020

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Álex J. García Montero

En procesiones como la de la Oración en el Huerto, un cofrade hace sonar una campana para pedir silencio | Foto: PdP

15 de abril de 2020

Con cariño y afecto, al reverendo Daniel Redondo
Redondo, sacerdote operario diocesano (DEP)

Que no se asuste nadie; no voy a hablar de política. O sí, porque, como le digo a mis alumnos, casi desde que te levantas entra en juego la política, pues no es más que la aplicación de la ética a la consecución de la justicia en la Polis (ciudad-estado griega). En el momento que pisas la acera y el bordillo comido por la desidia de tu ayuntamiento, hace torcer tu pie y reburdias, ya estás votando o botando con el pensamiento.

Con esto del COVID-19, Coronavirus para los amigos, nuestra vida se ha paralizado. Totalmente. Salvo contadas excepciones, todos hemos hecho de nuestra casa nuestro particular presidio de Topas; eso sí, sin rejas y con internet (y demás comunicaciones, incluso las voces y cómo no, los aplausos en los balcones a toda esa pléyade de ángeles cuidadores de los más necesitados).

Pues bien, también se ha paralizado la Fiesta. Empezó levante con la Magdalena de Castellón; continuó Fallas y después la hispalense Feria de Abril y quién sabe (posiblemente) el madrilano San Isidro. De este modo, son cientos los cornúpetas no lidiados que quedarán, la mayor parte de ellos, para los gaznates de los degustadores de carne brava (ojalá pudiera probar un chuletón de un Victorino). Pero no nos engañemos, la carne de lidia sin el estrés de la secreción de las endorfinas de la lidia, no sabe igual.

De este modo, hay dos opciones. Una, planificar ingentes ferias allá por septiembre, pues ya ha habido instrucción (totalmente errónea para mi gusto) desde la Colina Vaticana. Así algunos sueñan húmedamente con la celebración de festejos taurinos sine die entre septiembre y diciembre (por qué no celebrar la Navidad con toros como en Hispanoamérica). Y, sinceramente, no va a haber tendidos ni fechas ni camas para tanto cuerno.

Otros sueñan con festejos populares con toros de empaque. Las comisiones de fiestas de pueblos ya están trabajando para intentar ofrecer saltillos, atanasios, victorinos, domeqs, murubes y no lo de siempre (la Casta Navarra es extraordinaria en esto), en las calles y plazas de sus respectivas localidades. Yo fui asiduo en Calp y La Vall d´Uixó a esos festejos estivales (incluso en mis años mozos al Toro Enmaromado de Benavente y otros como los sokamuturras de Euskadi). Incluso una vez estuve en ese "Toro Jubilo" (que no Júbilo) de Medinaceli que, cual alfarero califal, rasga con sus hachones la luna de la fría noche castellana de Medinaceli, mientras las hogueras rememoran los cuerpos santos. Grato recuerdo y algún susto. De aquella había más cuerpo y menos mente. Ahora, a la inversa.

No nos engañemos. Las ferias taurinas son cuando deben ser y tienen un sentido en sus fechas. Y los festejos populares también. Pero no podemos confundir una cosa con otra. El toreo de talanquera es, en general, anárquico y el toreo de albero es jerárquico; pero ambos son ritos que tienen lugar en sus respectivas celebraciones.

Pues en esas estábamos cuando ya llovían por los grupos de WhatsApp diversas opciones para celebrar magnas. Magna en Calvarrasa, magna en Vitigudino, magna en Abusejo, magna en San Esteban de la Sierra, magna en Arapiles, magna en Villaseco de los Gamitos, magna en La Vellés, magna en las Quilamas, magna en Puerto de Béjar, magna en Macotera, magna en Sorihuela, magna en Aldea del Obispo, magna en Sotoserrano y magna en Vecinos (que para eso eran los pueblos de mis abuelos…). Y sobre todo magna en Salamanca, pues con eso de que va a haber magnas en el Guadalquivir, ¿por qué el paletismo ilustrado de cerebro de piedra franca no va a disponer de su magna? Porque esta absurdez la han impuesto las cuadrillas y juntas de gobierno ansiosas de sacar a pasear sus varas, corbatas, pañuelos, trajes color hormiga, ebúrneos costales, zapatillas, pantalones albos y morcillas. Y cuanto menos, me ha llamado la surrealista nota del Vaticano firmada por un hombre bastante sensato normalmente tocado de púrpura y azabache, permitiendo ese cambio (a lo mejor, fiel a su nombre quería hacer algún "Saraho"), cuando si hacemos caso, habría que modificar por completo el calendario litúrgico. Sí, ya; septiembre está dedicado a la Cruz y a los Dolores de María. Y también a la vendimia, no te jode. Y no por ello vamos a procesionar cubas de Sierra de Salamanca o de Arribes por la Rúa Mayor. Y si se hace, mejor por dentro que por fuera.

Como decían los mayorales y vaqueros cuando alguien iba a tentar, y como buen maletilla lo primero que hacía era comer compulsivamente, pues ya se sabe aquello de las cornás y el hambre: ¡aquí se viene a lo que se viene!

Pero no lo duden, tras meses de hastío, espero que pasen pronto estas témporas, para que entre la cordura cual pitón de Islero en la femoral de Manolete, en las neuronas pensantes de nuestros responsables. Porque si algo ha demostrado el confinamiento en el mundo cofrade (especialmente en aquellos que martillean continuamente el "¡a esta es!") es que se ha propagado inmensamente el Parihuevirus. Y les aseguro que es muy peligroso. Porque pretender mezclar talanquera y albero es matar ambos. En septiembre es la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca y su Tierra. Y sí, saldrá a hombros en sus pequeñas andas al son de ritmos charros. Pero no debe salir sobre trabajaderas, a menos que venga una ola de frío otoñal que suponga bufandas e implantes bucales. Y no lo olvidemos, después de septiembre, viene octubre con el circo. No queramos adelantar el espectáculo de pista y carpa, que para eso ya tenemos lo propio en la Aldehuela en nuestras ferias y fiestas. Dicen que no hay dos sin tres. Esperemos que, tras dos celebraciones programadas de circo, no haya intención aviesa de realizar una tercera. No habría profesionales para tanta función, aunque desde palacio, ayuntamiento y hostelería siempre quedarán funambulistas y trapecios.

Lo dicho; la gloria con la gloria. La penitencia con la penitencia. Las payasadas, todo el año. Como dijo el maestro (Guerra o El Gallo) al gran Ortega y Gasset: "hay gente pa’tó". Hay Papas "pa’tó". Ha cardenales "pa’tó". Hay obispos "pa’tó". Hay vicarios "pa’tó". Hay juntas "pa’tó". Hay capataces "pa’tó". Hay costaleros "pa’tó". Hay idiocia "pa’tó". ¡Cua cua!


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