domingo, 24 de mayo de 2020

Once viernes

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Pedro Martín

Primeros fieles rezan en la iglesia de San Sebastián en la reapertura al culto tras el confinamiento

25 de mayo de 2020

Sí, nada más y nada menos que 11 viernes, 77 días, esos son los que han pasado desde la última vez que recé ante ti, pero no a ti, que en estos largos días de confinamiento ‒virus mediante‒ la oración ha sido, unos días más que otros, una constante.

Un día más, 78 exactamente, desde el último beso a tu pie, quizá el último, no lo sé, de momento y me temo que por mucho tiempo será el último ósculo dado a ese pie redentor y salvador al que tantos y tantos a lo largo de los siglos han acudido.

El viernes acudí al encuentro contigo de nuevo, para darte gracias, sobre todo para eso, y para pedirte con un beso figurado que pase todo esto, ya no sólo la enfermedad y la muerte, también la dificultad y la desesperanza.

Quizá sea tiempo de repensar todo, de ver qué es lo sustancial y lo accesorio, también en las cofradías, porque, ya nada será igual, ya nada podrá ser igual, al menos en un tiempo.

¿Podremos tener de nuevo besamanos y besapiés? Lo dudo mucho, quizá ha llegado el momento de replantear estas muestras de devoción, de cariño, de cercanía hacia nuestras imágenes.

¿Podremos salir de nuevo en procesión? ¿Cuándo? Pues sinceramente, nadie lo sabe. Sin duda es algo consustancial a las cofradías, se podría decir que es algo innato, necesario incluso, pero no suficiente, Mientras no podamos con total seguridad, a otras labores hermanos.

¿Podremos mantener el culto? Ya lo podemos hacer, pero desde luego con todas las medidas de seguridad recomendadas, distanciamiento y mascarillas, además este tiempo nos ha enseñado nuevas formas de culto, explorémoslas, para aquellos que ni ahora ni antes se pueden acercar a la iglesia.

Y la clave de todo para mí, el servicio, la caridad, la disponibilidad, la atención a los más necesitados. Esa fue la razón principal de la aparición de las cofradías, esa debe de ser una de las razones de las cofradías del siglo XXI, que deben de reinventarse en su acción social, caritativa, de servicio. Hemos descubierto en estas semanas grandes bolsas de pobreza, y las que descubriremos desgraciadamente en los próximos meses, y no todas económicas. Tenemos un reto por delante, adaptarnos a esta situación, estudiar las necesidades y posibilidades de cada uno y ponernos en marcha. 

No vale de nada si la primera reunión que hagamos es la última que se convocó y no se pudo realizar, hay que romper todos los papeles, todos los actos, todos los proyectos, todas las previsiones y presupuestos y rehacerlos de nuevo, hay que reinventarse ante lo que tenemos ya delante de nuestras narices.

Las cofradías pueden ser un pilar fundamental en este momento que nos toca vivir, con la ayuda de Dios y puestos en sus manos como mero instrumento suyo, no lo olvidemos.


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