miércoles, 24 de junio de 2020

El san Juan olvidado

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Roberto Haro

Detalle del bautismo de Cristo por san Juan Bautista en el retablo de la Catedral Vieja de Salamanca

24 de junio de 2020

Llegados ya al ecuador del año, nos presentamos en el día de san Juan Bautista. Un día que pasaría desapercibido para muchos si no fuera por las hogueras que este año no se han podido celebrar, o quizá por ser el día con más horas de luz –allá donde las nubes permitan ver esa luz– o por los motivos que cada uno quiera tener.

Pero muy pocos recordarán que hoy los cristianos celebramos una fiesta en la que se recuerda al santo por el día de su nacimiento. Y creo que, si la memoria no me falla, es algo único en el santoral.

Y es que hay que tener en cuenta que san Juan Bautista nació seis meses antes que Jesucristo, de manera que en medio año, el 25 de diciembre, celebraremos el nacimiento de nuestro Señor Jesús, muy cerca del solsticio de invierno cuando llega el día más corto del año. El nacimiento de san Juan, en cambio, se produce en el lado opuesto del calendario, cerca del solsticio de verano y el día más largo. Así, según el dicho, después de Jesús los días van a más y después de Juan, los días van a menos hasta que vuelve “a nacer el sol”.

Cuando me propuse escribir estas líneas para la revista, en este día, caí en la cuenta de que este santo, predestinado por Dios para que cumpliera el papel de anunciador y presentador del Hijo de Dios, está poco presente en la iconografía o en la vida de las diferentes cofradías y congregaciones de nuestra ciudad. Y entonces cambié el hilo argumental del escrito, pensando precisamente en este día y su relación con las cofradías.

Si nos ceñimos a los templos que perviven en la ciudad con dicha advocación, solo recuerdo la iglesia de San Juan Bautista de Barbalos, en la plaza de su mismo nombre. Un templo donde se pueden contemplar además otras obras de arte, como el conocido Cristo de la Zarza, contemporáneo a la construcción del tempo en el siglo XII.

Igualmente, la iconografía del último profeta se conserva con cierta presencia en los templos donde moran las cofradías. Se puede ver en retablos u hornacinas de la Iglesia de la Vera-Cruz o la Clerecía, por poner dos ejemplos de sedes de nuestras cofradías.

Hay que remontarse a la época de los Reyes Católicos para ver cómo la devoción a san Juan Bautista se hace patente en la sociedad. En esa época, esta imagen comienza a rivalizar con el otro Juan, el Evangelista, y ambas corrientes sanjuanistas se complementaron para tener una amplia representación en los espacios sacros.

Pero todo cambia si nos fijamos ya en la imagen procesional de esa corriente sanjuanista. El Evangelista cuenta con una presencia importante entre las cofradías y se puede ver a la Virgen acompañada por el discípulo amado. Es una imagen secundaria muy utilizada, sobre todo, en el sur de España, donde su presencia en el Calvario hace que sea el santo más destacado de los dos.

La imagen de san Juan Bautista no aparece en la nomenclatura de nuestras cofradías ni en la imaginería procesional. Sin embargo, no es raro descubrirla en otras ciudades castellanas ‒y no hace falta irse muy lejos ni mirar otra vez al sur‒ donde la devoción al Bautista, a lo largo de la historia, ha permanecido vinculada a las obras de caridad vinculadas a la atención de los condenados a muerte en sus últimos momentos y la preocupación por asegurarles un entierro cristiano.

Por ello hay una presencia abundante del Bautista en templos y conventos, como representación pictórica o escultórica de altar. La del Evangelista es más frecuente en el arte escultórico procesional.
¿Por qué quedó en el olvido devocional o incluso procesional este gran profeta entre nuestras cofradías?


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