viernes, 25 de diciembre de 2020

Una Navidad diferente

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 Tomás Gil Rodrigo

Detalle del belén de Francisco Salzillo (Museo Salzillo, Murcia)

25-12-2020

Sin duda que el año 2020 lo vamos a recordar por la pandemia del coronavirus que ha modificado gran parte de la vida «normal» que llevábamos hasta el momento. Donde más nos hemos dado cuenta ha sido en las fiestas y celebraciones tradicionales, que, con su espíritu religioso y su materia consumista, configuran y marcan el ritmo de nuestro tiempo. Primero, fue la supresión de la Semana Santa en abril; después, en verano, vinieron las fiestas patronales o locales; y, ahora, después de la segunda oleada de contagios y muertes, le toca a las fiestas de la Navidad.

Habremos escuchado decir por los medios y las redes sociales en estos días que el coronavirus «nos ha quitado la Navidad». Esta afirmación se debe a los cambios significativos que se han producido a nuestro alrededor, si hace un año nos hubieran dicho que iba a pasar esto no nos los hubiéramos creído. Las reuniones familiares tienen que reducirse en número de personas, con distancia social, mascarillas y ventilación; la cena o comida debe estar distribuida individualmente; no nos podemos felicitar con abrazos y besos, sino a la distancia permitida, con codazos o inclinaciones de cabeza; no es aconsejable hablar alto y cantar; no están permitidas las fiestas de nochevieja o año nuevo y la crisis económica, derivada de la sanitaria, parece que va a reducir el poder adquisitivo de la población para poder comprar los regalos.

Si nos damos cuenta, se han trastocado costumbres e instituciones casi sagradas, aquellas formas con las que envolvíamos y protegíamos la Navidad: la familia, la comida, las felicitaciones, los villancicos, las fiestas, los regalos… Es normal, por lo tanto, escuchar a los pesimistas que el coronavirus nos ha quitado la Navidad, y a los optimistas que nos la ha cambiado, pero el próximo año volverá a ser igual que antes, gracias a la vacuna y a la recuperación económica. Lo que todos tenemos claro es que esta va a ser una Navidad diferente, como nunca antes la habíamos vivido.

A pesar de todo lo que estamos pasando, unos más afectados que otros, deberíamos aprovechar y ver la posibilidad de una Navidad más auténtica, que no se queda en el envoltorio de las formas costumbristas sino en el contenido de la fe. Es bueno recordar, porque ya nos es obvio en un mundo poscristiano, que celebramos el nacimiento de Jesús. El Hijo de Dios se ha abajado desde el Padre por amor hasta nosotros para salvarnos; se ha despojado de su poder siendo en medio de nosotros un ser humano débil y pobre; y se ha vaciado en el pesebre del último puesto iniciando un camino nuevo que nos llevará a la Pascua. Nada ni nadie, menos aún el coronavirus, nos podrá quitar la Navidad.

Estábamos acertados al pensar que había que hacerlo en la familia, con la comida festiva y los regalos, no obstante, nos equivocábamos al estar encerrados en nosotros mismos y nuestros intereses, había que centrar la Navidad solo en Jesús. Desde él hay una familia grande que es la Iglesia. Os invito a todos los hermanos cofrades que os acerquéis y sintáis a vuestras parroquias como vuestras familias verdaderas, que se reúnen en nombre de Jesús a celebrar los días de la Navidad. Desde él hay una mesa que sirve y alrededor de la cual nos sienta; se trata de la Eucaristía. Cristo es la comida abundante que nos proporciona vida con su palabra, alegría con su pan-cuerpo y fiesta con su vino-sangre. Os invito a que descubráis el lugar por excelencia para poder recordar y actualizar el nacimiento del Hijo de Dios, la Eucaristía. Y, finalmente, desde él recibimos el único y verdadero regalo de la Navidad, su persona. Como lo recibimos en el amor y la gratuidad desbordantes, solo podemos responder a este regalo con el agradecimiento y el servicio a los más pobres. Jesús es un regalo para ser compartido con todos sirviendo a los hermanos y los pobres.

Os deseo una feliz Navidad, nueva y diferente, auténtica, celebrada en la familia de la Iglesia, en el banquete de la Eucaristía y con el regalo gratuito de Dios a la humanidad, su Hijo encarnado.

 

 

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