miércoles, 20 de enero de 2021

Antonio Praena: versos para curar las llagas

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 Paco Gómez

Antonio Praena será en poeta antela cruz en 2021

20-01-2021

La esencia de las grúas son las aves
de paso. Las cruces de este siglo,
donde todo se mueve, son las grúas:
inmóviles, calladas, imposibles.

(Grúas, Antonio Praena)

Resulta que disfruto leyendo poesía. No es tan raro. Tengo un amigo que se lee el Bocyl cada mañana. Y otro que analiza los porcentajes de tiro, pases, tiempo en cancha después de cada jornada de NBA. De todos los equipos que han jugado. Cada uno tenemos lo nuestro. Pero resulta que yo, de vez en cuando navego por antologías, ondas, revistas, buscando un par de versos que me hagan vibrar, que me agiten un poco. Que me arreglen el día.

Supongo que no será ninguna sorpresa que diga que no tengo ningún prejuicio sobre la poesía religiosa o, quizá por mejor decir, escrita por religiosos. Celebro muy a menudo lo escrito por san Juan de la Cruz, aquel medio fraile que dejó escritas algunas de las palabras de amor más hermosas de nuestra lengua. Y en ese celebrar, gracias a un encuentro de poetas en su memoria, vine a descubrir a Antonio Praena.

Dominico, granadino, profesor universitario y, a juicio de los que saben, junto a nuestro Juan Antonio González-Iglesias, uno de los grandes pilares del presente y futuro de la poesía, Praena acaba de ganar el Emilio Alarcos con un hondo poemario titulado Cuerpos de Cristo.

Resulta que se trata en gran medida de un conjunto de versos surgidos del confinamiento y, sobre todo, de la muerte durante la primera parte de la pandemia del mejor amigo del poeta. Fallecido en el Gregorio Marañón en la inmensa soledad que rodeaba el colapso sanitario madrileño.

Así que Praena, se puso manos a la obra y fue desangrando un texto elegíaco que, sin embargo, no solo quiso quedarse, según ha explicado, en el dolor de la pérdida de un amigo que ni siquiera ha cumplido los 50 años, sino en la celebración de lo vivido junto a él y en la esperanza, más bien la certeza, de la resurrección.

Lo dice ásperamente en el poema titulado Jueves Santo: «…como este Jueves Santo de abril de 2020 / en el que compartimos sacerdocio./ Muy pocos son los pies que de rodillas / nos es dado lavar en esta hora / en que el Hijo del hombre /se entrega mansamente / en manos de los hombres. / Y tú te estás muriendo / con un tubo clavado en la garganta…».

Es la desesperanza que, desgraciadamente, se repitió tantas y tantas veces a nuestro alrededor. Que todavía se repite y que nos lleva a pensar en el dolor de quienes se nos fueron sin poder recibir ni tan siquiera un último adiós.

Pero este Jueves Santo no termina aquí para Praena, el dominico que sabe que siempre queda una última Pascua, el mismo que asegura: «vivo o muerto / yo sé que estás resucitado. / Vivo o muerto. / Ocurra lo que ocurra. / Pues ante verbos capitales / lo que haya de venir ya ha sucedido / Y no existen los cielos y la tierra, / pues la tierra primera / y los primeros cielos / se quedaron atrás / y el mundo se ha hecho nuevo / por la sangre de Cristo».

En grupos de cuatro o en aforos de veinticinco, según el epígrafe que vayamos aplicando, nos preparamos para otro Jueves Santo distinto y difícil. Pero en eso consiste existir, en ir sumando llagas. En recordar que:

«lo mismo que son hombres los que lloran

y dejan de existir los que no aman».


 

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