lunes, 25 de enero de 2021

Caminar juntos en las cofradías: Sinodalidad

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 Raúl Román

 
25-01-2021

 

En 1989 se clausuraba en la diócesis de Salamanca el Sínodo diocesano y en 2017 hacía lo propio la Asamblea diocesana. Ambos procesos buscaban revitalizar la Iglesia diocesana en su conjunto, indicando procesos de renovación por medio, entre otros, del discernimiento y el diálogo ensanchando horizontes y recorriendo nuevas sendas para el anuncio, la pastoral y las estructuras. El Sínodo y la Asamblea fueron en sí mismos procesos de discernimiento y diálogo, que en definitiva es lo que significa la sinodalidad, término que ha puesto de moda, sobre todo por el claro y frecuente uso que de él hace, el Papa Francisco, e incluso con la previsión de que el Sínodo de los Obispos de 2022 tratará de este tema.

Sinodalidad puede parecer un término extraño y conviene que sepamos interpretarlo, pues contiene en él mismo una riqueza que ayuda al día a día en todos los ámbitos de la Iglesia. Es un término que ha acompañado, más en la práctica que en el lenguaje, toda la vida de la Iglesia desde sus orígenes. La sinodalidad pertenece al ser de la Iglesia: podemos resumir la palabra en que sínodo es «caminar juntos».

No se puede entender la Iglesia ni ninguno de sus ámbitos si esta no se reúne y suma en el compartir fe y vida. Así ha sido siempre desde los comienzos mismos del envío misionero, cuando se creaban comunidades cristianas. Estas, sin reunirse a reflexionar y decidir juntos, en sínodo, no daban ni un solo paso.

Por tanto sinodalidad expresa la identidad de la Iglesia como Pueblo de Dios en camino, en peregrinación hacia el Reino. También subraya la dignidad común de todos los cristianos y afirma su corresponsabilidad en la misión evangelizadora.

La Comisión Teológica Internacional elaboró en 2018 un documento titulado Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, que trata por primera vez de forma orgánica y programática este tema.

Por lo que más puede ayudar a las cofradías y hermandades nos cabe destacar que el término sinodalidad excluye que en la Iglesia haya actores de un lado y espectadores del otro. Así se va a vivir en una relación basada en la escucha sincera y recíproca, porque una «Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha», en la conciencia «de que escuchar es más que sentir».

En las cofradías y hermandades también debe destacarse esta idea de participación que, como dijo el Papa Francisco ya en 2015, es una participación como en una pirámide invertida. Jesús estableció la Iglesia «colocando el Colegio Apostólico en su cima, en el cual el apóstol Pedro es la roca». Pero en esta Iglesia, «como en una pirámide invertida, la cumbre está debajo de la base». Francisco observó que los que ejercen autoridad se llaman ministros porque, según el significado original de la palabra, son los menos importantes. Es por tanto una llamada a todos los responsables y dirigentes, también de las cofradías, para que la actividad esté presidida por el arte del discernimiento comunitario, esforzándose en interpretar juntos los signos de los tiempos a la luz de la Palabra y de los sacramentos.

En una diócesis, por ejemplo, es necesario distinguir entre el proceso para elaborar una decisión (decision-making) mediante un trabajo común de discernimiento, consulta y cooperación, y la decisión pastoral (decision-taking) que compete a la autoridad del obispo, garante de la apostolicidad y catolicidad. La elaboración es una competencia sinodal, la decisión es una responsabilidad ministerial. Un ejercicio pertinente de la sinodalidad debe contribuir a articular mejor el ministerio del ejercicio personal y colegial de la autoridad apostólica con el ejercicio sinodal del discernimiento por parte de la comunidad (cf. Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 69).

En una cofradía, en cuanto comunidad viva de fe, no solo de Semana Santa, la dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de formación, participación, discernimiento y celebración capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales.

Esto conducirá finalmente a una salida de los cofrades al mundo, desde la devoción y el encuentro con el Resucitado, con el corazón abierto, y a una renovación ensanchando horizontes, recorriendo nuevas sendas en la pastoral y estructuras de las mismas cofradías y hermandades.

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