viernes, 26 de marzo de 2021

Día 1: Viernes de Dolores

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 Félix Torres

Virgen de los Dolores | Foto: Fernando Pena

 26-03-2021

Ha pasado todo un año y, como si el tiempo hubiera hecho foto fija deteniendo todos los relojes, damos fin a otra cuaresma con la seguridad de que hoy, Viernes de Dolores, no hay Via Matris ni traslado de Cristo de la Liberación desde el cementerio a su capilla arzobispal, hoy ocupada por mamparas, jeringas, sanitarios y docentes.

Pero no hay razón para no hacer el camino de la Madre, aun en la intimidad, recorriendo esos pasajes que los cofrades de la Veracruz han convertido ya en tradicionales. Y tampoco hay razón que nos impida acompañar a Cristo en su traslado popular, aunque ese Cristo vaya amparado únicamente en los banzos de nuestros sentimientos.

Sí, hoy comienza la Semana Santa y las calles no verán pasos pero pueden ver imágenes. A pesar de imposiciones, restricciones, normas o caprichos –que a uno a veces le hacen dudar–, todos podremos hacer nuestros recorridos, pisar nuestras calles penitenciales en oración silente y cargar con nuestros pasos, llevar nuestros cirios o soportar nuestra cruz aunque a vista de los otros, sea poco más que un paseo de los que, gracias al cielo, este año sí que podemos dar.

Hacemos Semana Santa de actos íntimos –digo en la intimidad de nuestros templos–, más allá de ese compromiso de callejear nuestra fe con el que todos nos hicimos cofrades. Una Semana Santa en la que, todos estamos de acuerdo, echaremos de menos los olores del incienso en las calles, el redoblar de los tambores y el sonido apagado y cadencioso de los pasos nazarenos, pero que no por ello va a impedir que estrenemos en Domingo, que hagamos las visitas a los Monumentos, que participemos en nuestros Oficios de Tinieblas y entonemos nuestro Miserere, que hagamos estación de penitencia o que, como siempre, celebremos la Pascua, litúrgica y profanamente, que ese Domingo también será día de liberarse de ayunos y abstinencias.

Son estos, a los que este Viernes de Dolores abre las puertas, días de celebrar y debemos animarnos a celebrar casi como siempre. Hagamos procesiones como nunca y acompañemos a nuestras imágenes en los templos y en el corazón. Llevemos a Nuestra Señora de los Dolores por sus calles aunque no esté esperando nadie en la Biserica Ortodoxa Rumana para hacer ecumenismo y pongamos nuestros hombros para soportar el peso del Cristo de la Liberación y dejarlo en su capilla del Colegio aunque el balcón del arzobispo permanezca cerrado, como desde hace siglos.

Y, por supuesto, celebremos la Pascua de Resurrección, día central en nuestra vida cofrade y cristiana, con el olor de la cera aún caliente en nuestro recuerdo. No perdamos ni nuestra fe ni nuestras tradiciones.

¡Feliz Pascua!


 

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