miércoles, 7 de abril de 2021

Poeta ante la cruz

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 Ramiro Merino

Antonio Praena. Poeta ante la cruz 2021 | Foto: Rosa González

07-04-2021

Nunca anteriormente, pese a su larga trayectoria, había presenciado el acto que anualmente, cada domingo de Pasión, se celebra en la catedral, bajo el título de Poeta ante la cruz. Lo organiza la Real Cofradía de Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora. Admito el hecho como un demérito casi imperdonable, si bien es cierto que, primero por desconocimiento y después por otras circunstancias que no vienen ahora al caso, cuando he conocido su existencia me ha resultado imposible acudir.

Este año, sin embargo –sorpresas que nos da la vida–, he podido hacerlo y de un modo privilegiado, junto al poeta que lo protagonizaba, Antonio Praena, y frente al Cristo de la Agonía Redentora, cuya trágica belleza desborda y paraliza al mismo tiempo. El momento, desde mi experiencia, se resume en un término contundente: sobrecogedor. La voz firme y cadenciosa del poeta que desnuda su alma ante el Cristo crucificado; el ritual ceremonioso que lo precede; los silencios intensos, la música del coro que se eleva sobre los acordes y contrapuntos del órgano catedralicio; las miradas profundas; el impresionante respeto que envuelve cada palabra, cada gesto... En fin, una vivencia cuya intensidad aún me conmueve mientras escribo estas líneas.

Antonio Praena es uno de nuestros grandes poetas contemporáneos –no descubro nada nuevo al firmarlo–. Atesora los más prestigiosos reconocimientos. Y en el acto de este 2021 lo ha confirmado con absoluta transparencia. Su poemario Redención, un conjunto de diez poemas, con su «Introitus» y su «Epílogo» es sin duda poesía «de altura». Y utilizo el término no solo por la referencia a su calidad, sino por la espiritualidad que contiene. En sus versos el poeta nos ofrece un recorrido que se sintetiza en el título, pero que aúna los más complicados logros: la dimensión trascendente y el compromiso más humano y desgarrador: Entre la redención y tu agonía / nos abres el resquicio / que, en su debilidad indestructible, / has llamado perdón (INTROITUS). Ante la cruz, ¿quién puede ser poeta? / ¿Qué es un poeta ante la cruz? / [...] ¿Resisten las palabras? ¿Significan? / [...] Si has llegado a estos versos penúltimos, / alguien en ti que no eres tú / ni tampoco soy yo / se abre paso y nos pide / dejarnos de una vez de sermones tramposos. (EPÍLOGO).

No pretendo ser exhaustivo –no viene al caso ahora–, pero concluiré afirmando que su poesía interpela, provoca, grita y susurra al mismo tiempo en lo más profundo de nuestra conciencia, sin dejar de ser lo que la poesía debe ser antes que nada: una mirada especial y belleza construida con palabas: Hay en tu soledad algo tan solo, / tan tuyo y tan de nadie, / que en ella caben todas.

Pero lo más sorprendente, al fin y al cabo, no es en este caso resaltar la calidad del poeta –basta asomarse a sus versos para advertirlo enseguida–, sino la compleja sensación de júbilo y vértigo que he sentido cuando se me ha confirmado que el próximo año, si Dios no lo remedia, quien escribe estas líneas será el poeta ante la Cruz. Insisto: vértigo, providencial vértigo...

 

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