lunes, 3 de mayo de 2021

Reencuentros en la fe

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Paulino Fernández

Acto poético oracional , 2021. Congregación de Jesús Rescatado | Foto: José Javier Pérez Santos
03-05-2021

Escribía hace algunas entradas que lo verdaderamente importante de la Semana Santa no radica en la exterioridad del desfile procesional. Esto es, que no se esconde en la grandilocuencia de los canastos o en la pomposidad de unos exornos florales que se (re)visten de nombres científicos para dotarse aún de mayor barroquismo. Y esta horrible situación epidemiológica que estamos viviendo, lejos de desmentir estas cuestiones ha venido a demostrar que la fe del cofrade real no se sustenta, como ya sospechábamos, en estos menesteres. Así es, la Semana Santa triunfa a nivel popular por lo que implica a en nuestros interiores. Por las promesas que ocultan los capirotes y no la altura o tejido de estos. Por la rotundidad penitente de los andares y no por las chicotás ensayadas. Por las oraciones que se esconden en un ramo de flores a los pies de su sagrado titular y no por las esmeradas composiciones compositivas de estas.

Y es que, cuanto más tiempo pasa, cuanto mayores son los avatares que nos acosan, mejor observamos esta capital cuestión. Cuando en las noches oscuras del alma acudimos a una advocación concreta para ayudar a nuestra mente a dirigir sus oraciones, comprendemos entonces qué es lo verdaderamente importante en nuestra naturaleza cofrade y qué son vanas superficialidades.

Ello hemos podido comprobarlo y corroborarlo fácilmente en esta segunda Semana Santa pandémica que hemos vivido. Una Semana Santa en la que nos hemos tenido que volver a reinventar en cuanto a la vivencialidad cofrade se refiere. Una vez más, y ya van dos, hemos vivido la Pasión sin poder realizar los desfiles procesionales que han marcado el devenir de nuestra historia devocional. Pero, por lo menos, este año hemos podido mantener los templos abiertos y celebrar ‒aún con restricciones‒ los misterios centrales de nuestra fe.

Así pues, desde estas líneas, quiero dar las gracias y la enhorabuena a todas las hermandades, cofradías y congregaciones. Mil gracias a esas corporaciones valientes que se han determinado a acercar las imágenes sagradas a su pueblo fiel que, un año más, las esperaba para poder establecer ese íntimo diálogo de fe tan necesario. Gracias por esta imprescindible iniciativa, máxime en una situación de tinieblas como la que vivimos que requiere de la luz que nuestro Señor nos arroja.

Gracias a las asociaciones públicas de fieles que han decidido mantener sus actos estatutarios o que han diseñado algunos nuevos. Gracias por no limitaros a dejaros llevar por la disidida y atreveros a dar un paso más; demostrando que la pública muestra fe que hemos de realizar no se limita exclusivamente a desfilar por las calles de nuestra ciudad una vez al año, sino que se trata de una realidad diaria que de múltiples maneras podemos ejercer.

Gracias también a las instituciones que han permitido, fomentado o alentado, estas cuestiones. Todas y cada una, sin importar su naturaleza. Porque han colaborado en el reconforto de tantas almas heridas, de tantos corazones fríos necesitados de acercarse al Señor ‒y este es un medio más‒ y de tantos aquellos que necesitaban poner en manos de sus devociones de la infancia aquellas oraciones y elevarlas, como incienso, hasta el Señor.

Quizás esta Pascua sirva para comprender que las procesiones no son el fin de la cofradía, sino un medio. Para conocer los trasfondos que mueven a nuestros hermanos a estar en la corporación. Para valorar nuestra enorme responsabilidad como parte plena de la Iglesia. Para, en definitiva, pensar y repensar si realmente celebramos otros años la Semana Santa de un modo sincero y devoto o si, en el fondo, la convertimos en una «fiesta» de puertas para fuera mientras dejamos que nuestra fe se marchite en el trastero del corazón.

 P.D.: Aprovechando que el Señor me permite felicitar a mi madre un año más, y habiendo sido ayer el día de la Madre, no puedo dejar escapar esta ocasión de hacerlo. ¡Felicidades, mamá!


 

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