No es exclusivo de la Semana Santa.
También ocurre en conciertos y en actos multitudinarios.
De un tiempo a esta parte, los medios de
comunicación tradicionales ‒periódicos (papel o digital), radios o televisiones‒
hemos perdido predicamento y nuestro hueco lo han ido ocupando las redes
sociales, con más o menos seguidores.
Los creadores de contenido validan sus
mensajes por el número de visualizaciones y «me gusta» que tienen sus
publicaciones. Sin darse cuenta de que, en el muro de sus seguidores, conviven
en el mismo espacio y longitud el Cristo Yacente, la tortilla de patatas de
Casa Juana –por poner un nombre‒ y los pies descalzos en una playa de Levante.
Facebook, Instagram, TikTok, X (antes
Twitter) o la red social que utilicen le otorgan la misma importancia a todo.
Quizá con buen criterio democrático ¿Quién es el listo que dice que tiene más
importancia la Soledad que el geranio florecido de mi abuela? ¿La influencia se
mide por la notoriedad?
Es frecuente ver a numerosos creadores
de contenidos delante de los pasos procesionales. Disparan y disparan
fotografías desde este ángulo, desde el otro y no se meten debajo del paso
porque no se lo permiten. Tantas fotografías hacen que en una de estas, el
Cristo o la Virgen les saldrán con los ojos cerrados.
Los devotos a la salida del paso
contemplan el espectáculo. Allí se confunden los creadores de contenidos con
los profesionales de la prensa. Las cámaras los igualan, los objetivos de unos
y otros son antagónicos.
Mientras unos solo buscan los «me gustan»
y, en algunos casos, ganar el concurso de fotografía de Semana Santa, que
parece esquivo. Los fotoperiodistas ofrecen al lector una visión periodística
del acontecimiento. Relatan una historia a través de sus imágenes. Y lo que
para mí es más importante, les dan hemeroteca a los lectores.
Si un devoto de las dieciocho cofradías,
hermandades y congregaciones agrupadas en la Junta de Semana Santa quiere ver imágenes de su hermandad de
hace un lustro, le resultará más sencillo acudir a la hemeroteca de un
periódico –digital o papel‒ para encontrar detalles, historias, momentos…
Una
publicación en una red social pura, en la que no hay un medio de comunicación
detrás, puede que publique cien fotos, pero si se fijan bien, suelen ser muy
similares. Un profesional de un medio de comunicación elegirá aquella que esté
bien de luz, cuidadosamente enfocada y encuadrada, porque detrás de su firma
está también el prestigio de una empresa de comunicación.
Hace doce
años que cubro la Semana Santa de Salamanca y cada vez cuesta más realizar un
trabajo de calidad. Este año, un creador de contenido llegó a decirme que a las
21:00 horas ya tenía que haber terminado mi jornada laboral, sin pensar que las
noticias no duermen. En cambio, él con su cámara al cuello se creía
todopoderoso al comprobar los «me gustan» de sus publicaciones. La vanidad es
un pecado.
Un ruego
para la Junta de Cofradías de la Semana Santa. Quizá hay que sacrificar la
cantidad por la calidad, respetar el espacio, el saber estar y ser conocedor de
que el protagonismo lo tiene en exclusiva el recorrido procesional.




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