19-10-2026
Antes de nada, brevemente, vamos
a fijar el término y, de este modo, situar la opinión que más adelante
expondremos.
El diccionario RAE define «extraordinario»
con el significado «fuera del orden o regla natural o común». Son,
según el mismo diccionario, sinónimos: extra, excepcional, asombroso, insólito,
singular, raro, extraño, inusual, inhabitual, impresionante, sensacional,
sorprendente, sobresaliente, chocante y macanudo; y antónimos son: ordinario,
corriente, normal.
Antes de entrar de lleno en el
tema, celebro que todo lo referente a la procesión extraordinaria «Via
Aurea»
haya sido un éxito rotundo, con arreglo a los criterios sociales de asistencia,
etc. No sé si se puede decir lo mismo con respecto al resto de las actividades
del XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías. Digo esto porque he oído hablar muy
poco del congreso y mucho de la procesión.
Decir que la procesión es
extraordinaria supone que ha sucedido de forma aislada y que durante mucho
tiempo ocurrirá después de ese día como había venido sucediendo antes de él.
Entonces podremos aplicar, prácticamente todos, los sinónimos de la lista.
Ahora bien, si animados por el éxito y por un sentimiento vinculado a una
imagen, ya que la fe refiere las imágenes que procesionaron a la Semana Santa,
reiteramos la procesión fuera de su tiempo natural, entonces puede que sirvan
mejor los antónimos para describir lo que resultara.
No obstante, haber desfilado con
unas imágenes que refieren a un acontecimiento, fuera de lugar en esta época
del año, no ha sido inocuo ni para cofrades ni para quienes han disfrutado del
desfile procesional. Cuando aparecía la procesión, ¿generaba un ambiente
similar a la Semana Santa? Cuando las procesiones de Semana Santa salgan a la
calle la próxima primavera, ¿no habrá nadie que tenga en su mente imágenes de
septiembre?
Los ritos no son cualquier
cosa, ni una cosa más, ni una repetición más o menos. Tienen «alma».
Un rito sin alma está vacío y entonces comienza a ser ordinario, corriente,
normal, y deja de extrañar, convocar, de ser admirado... Dice Byung Chul Han,
en el capítulo titulado «Fiesta y Religión», de su libro La desaparición de
los rituales: «El Sabbat impone silencio. Se trata de cerrar la boca. La
escucha en silencio une a los hombres y genera una comunidad sin comunicación:
“‒solo
el silencio está aunado: la palabra une, pero los unidos callan‒,
el espejo ustorio que concentra los rayos de la eternidad en el pequeño círculo
del año ‒la
liturgia‒
tiene que introducir a los hombres en ese silencio. Es claro que en ella el
silencio en común solo podrá ser lo último, y así, todo lo que va antes solo es
entrenamiento para ese final. A lo largo de tal educación sigue aún dominando
la palabra. Es la palabra misma la que debe llevar al hombre a aprender a
callar en común. El principio de esta educación es aprender a oír»
[cita que el autor hace de Rosenzweig].
«Lo santo impone silencio:
“consagrar”, “iniciar”, significa etimológicamente “cerrar”. Cerrar los ojos,
pero sobre todo la boca. Al comienzo de los ritos sagrados el heraldo
“ordenaba” guardar “silencio”».




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