27-10-2026
Pues ya andava mi alma cansada y, aunque quería, no la
dejavan descansar las ruines costumbres que tenía. Acaecióme que, entrando un
día en el oratorio, vi una imagen que havían traído allí a guardar, que se
havía buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy
llagado y tan devota, que en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque
representava bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal
que havía agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y
arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me
fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.
Santa Teresa de Jesús, Libro
de la vida, 9,1.
Desde luego que de tiempos pasados hemos heredado muchas
cosas y muy buenas, y la concreción de los sacramentales devocionales, y
especialmente los actos devocionales a los que dan lugar las representaciones
de Nuestro Señor en diversos momentos de su Pasión, su Madre y nuestra, primera
intercesora nuestra.
¡Cuánta verdad! ¡Cuánta belleza! ¿Cuánto queda de esa
verdad? ¿Cuánto queda de esa belleza?
Septiembre pasó por nuestras vidas y, de forma impetuosa,
llegó a su fin trayéndonos sones eternos y rezos callados a nuestras calles,
estábamos a los pies de diferentes advocaciones de Nuestro Señor y su Santa
Madre, ¡cuánta belleza!
¿Dónde quedó? Como todo sacramental devocional, ha de tener
una finalidad, especialmente la devocional, disponen el corazón de las personas
para recibir la gracia según su propia fe y rectitud.
Estaba yo contemplando el paso de las imágenes calle
Compañía abajo, dejándome llevar en mis oraciones, y coincidió que estaba en el
lugar de cambio de los portadores de los pasos, y quien estaba a mi lado hizo
el lacónico comentario: «¡Qué falta de respeto!». Desde aquel momento, que en
principio no fue más allá, no ha habido día que no vuelva a mí repetitivamente
tal frase. Y tengo que decir que cada día con más profundidad, y con más preocupación,
porque la pregunta que va aflorando cada día con más claridad es la siguiente:
¿necesitamos esto?, ¿es lo que necesitamos en este momento?, ¿más efectismo?
Cultivar el sentimiento y, lo que es más, educar el
sentimiento desde luego que es muy importante, pero hacer del sentimiento la
guía y razón fundamental de ciertas acciones, es un error, y terminará por
hacernos perder el oremos. No es sentimiento, es estética, no es quedarnos en
la conmoción o arrebato momentáneo, pero ocurre que quizá muchas personas así
lo viven. No olvidemos que la belleza es una vía de acceso a Dios también, así «el
arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma a su vocación
propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración» (CIC 2502), porque nuestras
imágenes devocionales ¿siguen siendo arte sacro?
Se planteaba Javier Blázquez hace unas semanas —en su
artículo del día 16 del presente octubre—, a colación del «acontecimiento del
siglo», que «ad intra, podemos plantearnos si el evento será el manido punto de
inflexión para el devenir cofrade de la ciudad», y acto seguido de estas
palabras, se preguntaba: «¿O acaso estamos hablando solo del espectáculo?».
Ut supra dixi, hemos
heredado muchas cosas y muy buenas, la pregunta es ¿vamos a acrecentar esa herencia
o la vamos a convertir en un emblema turístico, bellísimo en muchos casos, pero
objeto de propagandas turísticas?
Encabezan estas líneas las palabras de Santa Teresa, conmovida ante el Crucificado, tomemos una vez más como maestra a la santa andariega.




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