jueves, 5 de mayo de 2016

Un viaje a Cuenca

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Pedro Martín

El Descendimiento, tallado por Luis Marco Pérez en 1945 | Foto: eldescendimientocuenca.blogspot.com.es

05 de mayo de 2016

En un reciente viaje a Cuenca, descubrí que su imaginería era en su práctica totalidad posterior a nuestra Guerra Civil. Y la mayor parte, de un interesantísimo escultor llamado Luis Marco Pérez, que recibe el encargo del Ayuntamiento y de la Junta de Cofradías de realizar tallas y grupos escultóricos que vengan a sustituir a las destruidas al comienzo de la contienda. En pocos años realizó hasta un total de 19 obras, completándose la Semana Santa conquense con otras de diferentes autores.

El último día de la visita, ahondando en la historia de la ciudad y visitando un refugio de los años treinta, nos cuentan que nunca hubo luchas en las calles de la capital y que ésta siempre permaneció en el bando republicano hasta el final de la guerra. No alcanzaba a comprender entonces el porqué de aquella barbarie destructiva de obras de arte por el mero hecho de ser religiosas, pues entiendo que ni todos los republicanos serían ateos ni todos los católicos del llamado bando nacional. A qué oscuras intenciones respondían estas injustificadas hazañas. Quizá nunca lo sabremos. Lo triste es que no fue un hecho aislado solo en el entorno conquense pues, como bien sabemos, estos hechos ocurrieron  en otras ciudades y pueblos de nuestro país con mayor o menor grado, pero el caso de Cuenca no sé si será  único, puesto que no queda más que un pequeño Cristo de marfil.

Viendo aquello, pensaba en lo afortunados que fuimos en este aspecto en Salamanca. Al fin y al cabo la historia se escribe con pequeños detalles y el hecho de estar en un bando y no en otro probablemente permitió que no se cometiesen aquellas tropelías contra las imágenes sagradas. Pensaba en cualquiera de nuestras imágenes anteriores a la barbarie y en qué habría ocurrido de haberse producido hechos semejantes con nuestras magníficas esculturas procesionales, la mayoría sin duda irreemplazables. Como bien sabemos, durante mucho tiempo, por diferentes motivos, principalmente económicos, no estuvieron en su mejor estado de conservación y poco a poco, con el esfuerzo de todos, tenemos nuestro patrimonio procesional completamente restaurado y diría que, en la inmensa mayoría, también en un muy buen estado de conservación. En esto hemos dado un paso de gigante y podemos estar orgullosos del cuidado que damos a nuestras tallas, que no tiene nada que ver con el trato dado, quizá por desconocimiento, años atrás.

Además, desde entonces hemos ido incorporando nuevas imágenes, sin duda unas con más valor artístico que otras, pero que en conjunto forman una Semana Santa más que notable desde el punto de vista artístico, con obras relevantes desde el siglo XVI hasta la actualidad.


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