lunes, 23 de enero de 2017

El Espíritu está sobre mí

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Pedro Martín

Quince cofrades recibirán el sacramento de la confirmación en febrero | Foto: Coordinadora Diocesana de Cofradías

Dentro de un mes, un grupo de quince cristianos recibirá el sacramento de la confirmación. Esto no debería ser noticia, o al menos no debería ser algo excepcional, pero en este caso sí que lo es y por diferentes motivos. En primer lugar, porque siempre es una alegría que un grupo de hermanos nuestros completen el proceso de iniciación cristiana con este sacramento, que les fortalecerá con los dones del Espíritu Santo para vivir su fe en plenitud. Pero en este caso la excepcionalidad viene dada porque este grupo de hermanos son adultos y, además, cofrades. Adultos que viven su fe en el seno de una cofradía, cada uno de la suya, y que por diferentes motivos no recibieron este sacramento en su momento y ahora sentían la necesidad de dar un paso más en su compromiso como cristianos.

Aunque la parroquia es el lugar donde todo cristiano debe vivir su fe y celebrar los sacramentos con los hermanos formando una comunidad, la realidad actual diluye las fronteras de las parroquias y nos deja otras formas de vivirla. Una de ellas son, sin duda, las cofradías y puede que para muchos de nuestros cofrades sea la única referencia, su lugar para vivir la fe con los hermanos y celebrar los sacramentos. Y esto es una alegría y una bendición de Dios, un auténtico tesoro de la Iglesia en palabras del Papa Francisco.

De esta realidad nació la idea, hace ya más de dos años, de facilitar a aquellos cofrades adultos que lo desearan una preparación adecuada en el seno de un grupo cofrade donde se sintieran todos acogidos. El pasado curso se concretó este grupo dispuesto a realizar un camino de formación con José Francisco, párroco de San Pablo, al frente y que culminará el próximo día 25 de febrero, cuando nuestro obispo administre el sacramento a estos hermanos nuestros.

Esperemos que esta experiencia sea la primera de muchos grupos cofrades de formación, de liturgia, de vida cristiana, de caridad, que desde las cofradías y en colaboración con las parroquias se pongan al servicio de nuestra Iglesia diocesana.

Dios quiera que el Espíritu que depositará sus dones en estos hermanos nuestros les infunda la fortaleza y el valor para dar testimonio del amor de Jesucristo en sus vidas y sean verdadero instrumento evangelizador en nuestras cofradías.

Rezo por ello y por ellos, y os pido que os unáis a mi oración.


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