lunes, 8 de mayo de 2017

Hermandades para todos

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Roberto Haro

Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, en la tarde del Domingo de Ramos | Fotografía: Roberto Haro

Y ya caía la noche cuando, volviendo a casa una tarde de la semana pasada, mi cabeza no dejaba de dar vueltas sobre qué tema iba a tratar este artículo que tenía que escribir para la revista.

Varias ideas rondaban en la cabeza después de los múltiples acontecimientos observados y vividos en la Semana Santa pasada y a los que, relacionándolos directamente con el momento social en el que vivimos, podía sacarles bastante jugo para poder escribir más de un artículo.

Y, de repente, una llamada telefónica cambió mi mente. Un pensamiento hizo que me quedara pensativo mirando a los diferentes transeúntes que caminaban a mi alrededor con tanta tecnología en sus manos: que si móviles, ordenadores, tablets, ipads y todo tipo de elemento electrónico cual autómatas andando por la calle… Todo parecía carecer de sentido, donde los sentimientos y valores humanos se hacían presentes por su ausencia, cada uno absorto en su dispositivo. Y recordaba que, entonces, solo nos queda la sencillez e inocencia de los niños y las ganas de ser felices con pequeñas cosas, porque aún ellos no se dan cuenta de tan triste situación que puede llevarnos el egoísmo de cada uno de nosotros a tener esa falta de solidaridad con el resto que nos rodea.

Esos niños que en la inocencia de su infancia aprenden lo que sus "mayores" les enseñan cual modelo a seguir. Y que, como mantra, aprenderán a reproducir en el futuro cercano.

Recordaba en mi mente cuando se hablaba (y se sigue hablando) en ciertos "ambientes" de la forma de hablar de los jefes de paso, de las disputas sobre la conveniencia o no de la forma de andar de cierto paso, de la organización de la procesión tal o cual, de si los hermanos de tal cofradía han salido mejor o peor, de los líos internos de una y otra hermandad... En todos esos comentarios muchas veces se emplean expresiones que muestran una soberbia suprema haciendo que el movimiento cofrade se menosprecie entre ellos, hablando con un cierto aire de superioridad moral. ¿Eso es lo que aprenderán nuestros niños cofrades del mañana?

Y es que en no pocos casos se habla (y por supuesto por extensión se actúa) utilizando expresiones o hábitos que muestran una soberbia suprema: "¡O conmigo o contra mí!", "¡tú no sabes con quién estás hablando!", "¡yo soy el presidente de...!", como si ser miembros de una organización religiosa con algún tipo de cargo o responsabilidad le otorgara privilegios o elevara en un estado social diferente al que se le supone. Desde el trabajo silencioso y callado de la institución, haciendo hermandad, cofradía o como quiera llamarlo –"…que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha..."– el yoísmo no tiene cabida en la misma. La exagerada exaltación de la propia personalidad muestra una falta de respeto hacia sus compañeros de hermandad, ya que sin los hermanos de cirio, fila, paso, banda o grupo joven no sería nadie. ¿Eso es lo que enseñan los dirigentes a sus grupos jóvenes?

No seamos fariseos ni juguemos a ser místicos. Ni tan santos ni tan pecadores, pues cuando todo va bien y se camina en loor de multitudes, la clave del éxito se fundamenta en el "nosotros", en el equipo de trabajo y todos los que rodean y trabajan por y para la hermandad. Todo los que tienen un cargo son responsables de los aciertos y errores de forma colectiva.  Pero cuando las cosas van mal, todos mirarán al que dice "yo", y quedará relegado al olvido antes que el gallo cante tres veces. Y nadie se acordará de él pasado el amanecer.

Esa falta humildad, humanidad, solidaridad, dignidad y empatía hacia el trabajo de todos los que hacen hermandad debieran hacérselo mirar. Un comportamiento que sí tiene y muestra cada día, de forma tan silenciosa y callada, la tan criticada y renegada Iglesia durante todo el año, en la que tanto tienen que reflejarse las cofradías. Iglesia son, y como Iglesia deben comportarse.


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