martes, 28 de noviembre de 2017

Operación Kilo

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Félix Torres



Todavía no se han marchitado las flores con las que recordamos a nuestros difuntos y, sin solución de continuidad, se nos abren las puertas más solidarias del corazón cofrade. El olor a navidad comienza cada vez antes y aparece en nuestras cofradías, como cada año, la tradicional Operación Kilo.

A lo largo de los días más inmediatos a las fiestas navideñas –en una inmediatez que se dilata hasta los primeros días otoñales–, no creo que exista cofradía o hermandad en la que por estas fechas no se programe una acción solidaria para con los más necesitados. Recogidas de alimentos, de juguetes, de ropa, chocolatadas y comidas, conciertos solidarios,... cada cual aportando según sus habilidades por la mejor de las causas: ayudar a nuestros semejantes. Loabilísimas acciones que contribuyen a paliar escaseces, aunque sea de modo puntual y transitorio, y que sirven también para rellenar ese hueco, a veces problemático, de ejercer la caridad cumpliendo con los mandatos de la mayoría de nuestros estatutos y reglamentos cofrades.

Salimos a la calle y damos la cara por nuestros semejantes. Recaudamos cuanto podemos y lo dejamos en manos de quienes sabrán qué hacer con ello de manera adecuada. ¿Qué mejor forma de celebrar la Natividad que compartiendo con quienes carecen de lo imprescindible? Magnífica labor de cofrades comprometidos. Pero,... ¿es esto todo? ¿Aliviamos con este detalle de humanidad las necesidades de todas esas personas desconocidas? ¿Se podría hacer más y mejor? Seguro que sí.

Cierto es que un plato caliente sobre la mesa (en cualquier día del año, no solo en estas fechas) debería ser algo habitual para todos y que nuestra colaboración contribuye a que sea posible. Pero, hay otras muchas necesidades en otros muchos días del año que no se ven cubiertas porque desgraciadamente nuestra caridad es temporal y, además, muchos no sabríamos siquiera cómo intentar paliarlas. Porque, además, tras las festividades navideñas nuestro pensamiento pasa a centrarse en lo que para todos nosotros es fundamental y arrinconamos esas acciones caritativas para mejores momentos (que en la mayoría de los casos serán las siguientes navidades). Olvidamos que esos kilos de legumbre y arroz, litros de leche y aceite, galletas o bolsas de pañales infantiles se agotan mucho antes de lo que marca su fecha de caducidad y que la necesidad continúa mucho más allá. Olvidamos que quienes están solos en Navidad, necesitados de compañía tanto como de alimento, van a seguir, aún más solos si cabe, necesitando esa caricia amiga todos los días del año. Olvidamos que quienes padecen sufrimiento agradecerán las palabras de aliento en cualquier momento. Pero, sin embargo, centramos nuestra caridad en estos días prenavideños y dejamos al descubierto el resto.

¿No sería posible coordinar acciones y esfuerzos para proyectar esta solidaridad a lo largo de todo el año? ¿No podría la Junta de Semana Santa servir de vehículo para canalizar estos esfuerzos organizadamente y así obtener mejores frutos?

Somos suficientes cofradías y cofrades como para, hermanados en todo momento, mantener el ejercicio de la caridad a lo largo de todo el año, de todos los años, añadiendo a todos esos kilos solidarios tan necesarios que recogemos con las mejores de nuestras intenciones, otros gestos de los que también están necesitados quienes nos rodean. Así como en su día nuestra Semana Santa pudo presumir de contar con un hospital en el que se atendió a cientos de desheredados, hoy podríamos retomar aquel espíritu y hacer de nuestras cofradías y hermandades elementos de caridad con los que cumplir objetivos que harían, además, que la sociedad nos reconociese y valorase más allá de nuestras procesiones y actos penitenciales.

Invertir tiempo, esfuerzos y, por supuesto, dinero en dar a quienes lo demanden aquello que necesitan con auténtico espíritu cofrade. Escuela de adultos, centro de atención infantil, acompañamiento organizado de necesitados, asesoramiento en diversidad de temas y cuestiones, asistencia a ancianos, compañía a personas en soledad o cuidado de enfermos, todo con organización y "profesionalidad", y... por supuesto, operaciones kilo; cuantas operaciones kilo sean necesarias.

Somos muchos y muchos excelentemente preparados para sacar adelante esas tareas que cubrirían aquellas necesidades. Solo es necesario ceder parte de nuestro tiempo y conocimientos, alguien que coordine y canalice adecuadamente los recursos y, sobre todo, hacer de nuestras cofradías y hermandades un solo cuerpo para actuar solidariamente.

¿Parece difícil? Yo creo que no. Solo habría que intentarlo.


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