viernes, 15 de junio de 2018

Poderosos

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Abraham Coco

Un costalero de la Hermandad de Jesús Despojado en un momento de descanso de la marcha | Fotografía: Alfonso Barco

15 de junio de 2018

Como si fuera un trampantojo matinal con el que desperezarse, sacudirse la alergia de los párpados y esbozar una sonrisa socarrona, a las ocho en punto, tras recordar que era jueves, 14 de junio, y avanzar la previsión meteorológica del día, Carlos Herrera daba la noticia a nivel nacional. Nosotros que creíamos estar al tanto de cada detalle en este centrifugado de información diaria… Y quedaba una noticia más:

"Efectivamente, todo el mundo hablaba de la dimisión. Eso estaba en la calle. Le diría más: estaba en los ambientes. Es verdad que en términos comparativos ha estado poco tiempo, pero era una dimisión esperada. ¿Obligada por qué? Tantas circunstancias... A veces, incluso, por un impulso personal. Pero es muy difícil librarse de determinadas presiones en determinados momentos. Habló con su superior, con su referencia, con quien tiene que bendecir su trabajo. Y entendió que no podía seguir más tiempo. Quién lo iba a decir hacía tan poco. Pues, ciertamente, no se habla de otra cosa. Finalmente, dimitió… el presidente del Consejo de Cofradías de Sevilla, Sainz de la Maza".

Hay que descubrirse con esta treta de perro viejo del periodismo. Pero más allá de eso, el símil nos hace recordar que algunas dinámicas no deberían valer para todo. Porque, claro está, en una junta mayor de cofrades o en una junta directiva, y más en las mesetarías, poco espacio cabe para la fontanería, las mociones, las campañas de desprestigio o las toscas sutilezas. Es mejor reservarlas para curas y trankimazines de celuloide...  Ya lo escribimos en noviembre de 2015 y conviene repetirlo ahora que tocan a urnas en una de nuestras hermandades más queridas, bajo una advocación que entiende de todo menos de disensiones, bajo una devoción que repele el odio y ambiciona la concordia.

Pocas horas después del eficaz artilugio radiofónico de Herrera, la Conferencia Episcopal presentaba la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia correspondiente al año 2016. Así lo transcribían los teletipos: "Según los datos de esta Memoria, que han sido auditados por la consultora PwC, la Iglesia mantiene 3.168 bienes inmuebles declarados de interés cultural (catedrales, iglesias, conventos, etc.), se encarga de su conservación y los pone a disposición de la sociedad. Junto a ese patrimonio están fiestas como la Semana Santa, el Camino de Santiago y todo el patrimonio inmaterial que representa una enorme riqueza para la sociedad, también desde el punto de vista económico ya que supone una aportación a la riqueza de España de más del 3% del PIB y 287.000 empleos".

Con 352 celebraciones y fiestas religiosas declaradas de diferentes intereses turísticos y 21 consideradas, además, Patrimonio Cultural Inmaterial; con 3.577 cofradías inscritas en el Registro de Entidades Religiosas, "sin contar muchas más que existen y cuya actividad se circunscribe a un ámbito más reducido o parroquial", me pareció que ese era el verdadero poder que las cofradías debemos hacer valer. Que ahí dormita un potencial que solo desde la unidad podremos aprovechar para cualquiera de los muchos fines legítimos a nuestro alcance. Aunque para eso se necesitan también buenos líderes.


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