martes, 28 de mayo de 2019

Consenso, bendita facultad

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Luis Romo

Un cofrade de la Soledad ayuda a otro a encender su cirio ante la presencia de un tercero | Foto: Manuel López Martín

29 de mayo de 2019

"Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos" es como la Real Academia Española define la palabra consenso. Ocho letras que recogen esfuerzo y sacrificio en convicciones, ideales y objetivos de las personas que en ella se citan, y que en la actualidad, en un mundo donde las libertades, los derechos y la integración son las banderas sociales en nuestro día a día, ha conseguido su máxima expresión. Es por ello, que debemos presumir en sociedad de una bendita capacidad desarrollada en conjunto, más que de un simple término lingüístico común.

¿Pero es verdad que se encuentra vigente en todos los ámbitos de la sociedad?
¿Se puede percibir?
¿Lo vivo yo en todas mis esferas sociales?
 Sincera y tristemente, no.

El mundo de la Semana Santa, y en concreto el de sus hermandades, muchas veces parece aislarse de esta realidad social, que se instauró en España por el proceso de la Transición, y que desde aquel resultado constitucional, ha servido de ejemplo de vida para una sociedad española, que rota en dos, años atrás, aprendió a convivir, a entenderse y a compartir en la diversidad y en la pluralidad de sus gentes.

Y es entonces, cuando uno puede darse cuenta de que en la religión y en la fe popular, forma de vida para unos y auxilio de momentos para otros, debe encontrar también su máxima realidad y expresión. Resulta de vital importancia que los cristianos practicantes, por medio de sus "asociaciones religiosas", como son las diferentes hermandades, congregaciones y cofradías, den únicamente testimonio de sus creencias en forma de manifestación continua durante todo el año. Hermandades que se alejen de espectáculos públicos, de noticias vergonzosas, de "bocas a bocas" humillantes, de rivalidades "sinsentido", de objetivos egoístas, de convivencias fracturadas y/o de incesantes manipulaciones, que manchan sus finalidades originales.

Por ello, desde la humilde opinión personal que puedo exponer como cofrade, quiero manifestar mi envidia hacia el clima de consenso que en demasiadas ocasiones falta en ciertas experiencias "semanasanteras". Hermandades (cofradías, congregaciones, asociaciones…) en las que existen ciertos aires de rivalidades continuas –propias de parlamentos políticos donde se tratan de imponer ideales por medio de la convicción y en muchos casos, de la oratoria, como medios de ejecución– erróneas, que deben de alejarse de un mundo, en donde debe primar el simple trabajo para que lleguen tiempos de consenso.

Equipos directivos, juntas de gobierno, núcleos o comisiones, comités, diputaciones o simples grupos de trabajo, en donde se den cita, simplemente, a hermanos que presenten unión en su hermandad, respeto en sus diferencias y comunión en sus titulares, como signo de confraternización en las diferencias que todos, como humanos, tenemos. Simples medios para conseguir los fines de caridad, manifestación pública de fe y crecimiento personal, que el culto popular siempre tuvo, tiene y tendrá en sus singulares premisas.


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