domingo, 19 de abril de 2020

¿Pasamos un año esperando para ver las procesiones o para vivir la Semana Santa?

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Alberto Alén

Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis, en el inicio de su procesión el Jueves Santo | Foto: Pablo de la Peña

20 de abril de 2020

Pues parecía imposible pero hemos pasado una Semana Santa en confinamiento. La recordaremos siempre. Ensombrecida, eso sí, por la cantidad de sufrimiento que hay a nuestro alrededor.

En cuanto se recibió la noticia de que se suspendían las procesiones eran muchos los cofrades que, llenos de tristeza, ponían en las redes "355 días para la Semana Santa 2021". Esto puede parecer una reacción lógica de tantos cofrades que ansían vivir la Semana Santa más importante del año como siempre lo han hecho. Vivirla con sus cultos, sus procesiones, su hábito, su medalla, su incienso… Sin embargo, creo que nos puede llevar a reflexionar. ¿Pasamos un año esperando para ver las procesiones o para vivir la Semana Santa? La diferencia es abismal. En tiempos de confinamiento lo vemos muy claro.

Si hemos pasado la Semana Santa viendo procesiones por internet y lamentándonos de no poder estar en la calle viendo cofradías; todo ello amargados y pensando en el año que viene o, incluso, viendo a ver cómo hacemos para organizar en septiembre una magna extraordinaria de esas que se llevan ahora, quizá estamos entre el primer grupo de cofrades: pasamos un año esperando para ver las procesiones.

En cambio, si hemos pasado la Semana Santa recordando a los que están sufriendo, preocupándonos por nuestros hermanos cofrades, dedicando más tiempo a la oración, a la meditación de la Pasión, asistiendo por internet o televisión a las celebraciones, preguntándonos cómo podemos mejorar tras esto, qué tenemos que cambiar; todo ello alegres por haber experimentado un año más esa muerte en cruz por nosotros del Señor y esperanzados por esa Resurrección gloriosa, quizá estamos en el segundo grupo de cofrades: pasamos un año esperando para vivir la Semana Santa.

Espero que sean muchos los cofrades que se identifiquen con el segundo grupo y estoy seguro de que así será. Una respuesta intermedia y quizá propia de un buen cofrade sería: paso un año esperando para vivir la Semana Santa, pero me ayuda ver las procesiones y sentir ese espíritu cofrade para vivirla con más intensidad.

Ahora bien, las cofradías también tienen que llevar a cabo su reflexión y tienen que poner todo su empeño en aquello que las caracteriza, aquello que les da sentido cuando todo se vuelve en contra, aquello que haya o no procesiones, tienen que mantener y fomentar. Es claro. Primero, mirar a Dios: preocuparse por la experiencia de fe de los hermanos, fomentar la participación en cultos, charlas formativas, atención espiritual… Segundo, mirar a los hermanos: preocuparse unos por otros, sobreponerse a malos entendidos, críticas, afanes personales y presiones para vivir en fraternidad y, por supuesto, atender a los necesitados fomentando la caridad. Esto último siempre, pero sobre todo en estos tiempos tan difíciles que van a venir. Que todo esto nos lleve a la reflexión.

Que no quedan 340 días para la Semana Santa… ¡que ya ha pasado! ¡Alegrémonos por la Resurrección del Señor!


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