lunes, 9 de noviembre de 2020

Rézalo

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 Pedro Martín


Nazareno de N.P. Jesús Despojado y niños cofrades | Dibujo de José Ángel Nava


 09-11-2020


A Álvaro Gómez



Allá por el lejano marzo del 2012, a tan sólo una semana de su primera salida procesional, tuviste que asumir una responsabilidad no esperada ni querida, pero diste un paso adelante, siempre adelante. No podías ni imaginar que aquella decisión, obligada por los acontecimientos, iba a convertirte en hermano mayor. Mucho menos durante más de ocho años. Eras demasiado joven para tan grande reto, decían muchos, y te hiciste mayor de repente, porque las responsabilidades o se asumen con convicción o es mejor dejarlas para otros.

Sin duda se equivocaban, pues has sabido, con errores y aciertos, como toda obra humana, poner en pie una Hermandad, y lo escribo con mayúsculas. Echar a andar con algo así nunca es fácil, supongo (otros lo hemos heredado ya bastante rodado). Crecer poco a poco, sin perder nunca el horizonte hacia el que se quiere caminar, sin olvidar de dónde se viene.

Dejas una hermandad joven pero muy afianzada, asentada ya en la ciudad como si fuera «de toda la vida», con mucho todavía por construir, con muchos sueños que cumplir, pero con los pies en el suelo.

Yo que he tenido el privilegio de vivir esta preciosa etapa desde fuera de la hermandad, pero muy cerca de ella, puedo dar fe. Gracias, amigo, por compartir tantos momentos, en ocasiones tantas preocupaciones y desvelos. Gracias, sobre todo, por tu amistad. 

Gracias por todo lo que me han enseñado. Sí, tú a mí, aunque no lo creas. Has sido un ejemplo de trabajo, integridad, honestidad, humildad, servicio y, sobre todo, de vida cristiana cofrade. Necesitamos muchos como tú.

Sé por experiencia propia, en esto te llevo ventaja, que cuesta mucho asumir tu nuevo rol en una hermandad después de haber ejercido las máximas responsabilidades. Pero también sé que estarás ahí cuando te necesiten, pues no sabes decir que no. El relevo, a mi entender, está más que asegurado y deseo todo lo mejor para Beatriz.

Después de estos años echas la vista atrás y todo ha pasado muy deprisa. Tienes una familia preciosa, unos niños que crecen a una velocidad de vértigo (te lo aseguro), y una etapa que dejas atrás y que te parecerá un simple granito de arena. Ese granito de arena se convertirá en una montaña. Le pedimos al Señor que su obra le siga siendo fiel.

¿Y ahora qué? Melancolía, decías en una red social. Ahora amigo Álvaro, «rézalo», como tú me has enseñado, y Él te indicará para qué servicio te necesita.

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