miércoles, 12 de enero de 2022

Siempre se ha hecho así

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Tamara Velasco

sin pie de foto
12-01-2022
 

Hace pocos días celebrábamos el nacimiento de Jesús y nos volvíamos niños de nuevo, esperando la mágica noche de Reyes. Son días especiales de tradición, no solo por adornar las casas, preparar con mimo los belenes y pasar tiempo con nuestras familias. Estos días significan también, en palabras del Papa Francisco, reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador y que, con la llegada del Mesías, se inaugura ese hermoso viaje entre nosotros.

Empieza de nuevo el tiempo ordinario previo a la Cuaresma y, con ello, dan comienzo, para muchas hermandades, los primeros preparativos para organizar la ansiada Semana Santa, que ya nos merecemos, ¿o no? Dios proveerá. Para otras los preparativos ya comenzaron hace meses y para unas pocas, cada vez menos, la inercia de la tradición y del siempre se ha hecho así, hacen que esos preparativos se realicen poco antes del mes previo.

En mi opinión, por tanto, podemos hablar de tres tipos de hermandades. A las primeras cuesta mucho llegar pues el trabajo que supone es ingente. Las juntas de gobierno están involucradas durante todo el año (muchas veces a costa de renunciar al tiempo con la familia y amigos), tanto para sus hermanos (a los que consideran lo más importante, puesto que sin ellos no es posible evolucionar como comunidad cristiana ni como hermandad; mucho menos sacar adelante una procesión), como para la Semana Santa en general, haciéndose presentes, apoyando y acompañando a la mayoría de los actos que organizan las demás hermandades, la Junta de Semana Santa y la diócesis.

Las segundas están en proceso de llegar a ser como las primeras. Saben que es necesaria la renovación hacia los tiempos que nos toca vivir, sin perder la esencia del por qué somos hermandades y cuáles son nuestros objetivos prioritarios: el culto a los sagrados titulares, la práctica y ejercicio de actividades de caridad, la formación teológica y espiritual para ser testimonio de vida cristiana, el promover la participación activa de todos sus miembros, viviendo en comunión entre sí y fomentando la fraternidad entre todos, etc. A las juntas de gobierno de estas hermandades les resulta algo chocante desprenderse de la comodidad que ofrece la zona de confort creada hace años, décadas o incluso siglos, pero comienzan a configurarse con personas jóvenes, formadas y con muchas ganas de seguir aprendiendo junto a las personas que han tenido que hacer frente a muchas vicisitudes en la convulsa Semana Santa salmantina de las últimas décadas.

Las terceras, espero que en peligro de extinción, son aquellas que no consideran necesario tener que cambiar nada de su hermandad. Son perfectas como son. Quizá cuando se crearon sí lo eran, pero ya no. No tienen intención de parecerse a las segundas y mucho menos a las primeras. Las juntas de gobierno, compuestas por gerifaltes que tienen la suma razón, tienen bien enraizada la mala tradición popular del siempre se ha hecho así. No es necesario salirse del tiesto y lo contrario a lo habitual es forastero y hasta enemigo.

Las hermandades unipersonales no existen más que en imaginario de unos pocos. Que el miedo a lo nuevo no acomode, ni ofenda ni entorpezca. Que los personalismos desaparezcan y podamos caminar juntos. Que la savia nueva se mezcle con la antigua y fluya. Que se dé importancia a lo que en verdad la tiene, la fe y la comunidad entre hermanos. Lo demás, obstaculiza.


 fdf

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