viernes, 23 de enero de 2026

Autoridad y servicio: el corazón de las cofradías según el reciente Magisterio Pontificio

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Raúl Román


23-01-2026

Las hermandades y cofradías representan una de las manifestaciones más vigorosas de la piedad popular. Sin embargo, su relevancia no reside solo en su valor estético o histórico, sino en su capacidad de ser «pulmones de fe» dentro de la Iglesia. El Magisterio de los últimos Papas —desde Benedicto XVI hasta Francisco— ha subrayado que la gestión de estas corporaciones debe alejarse de la lógica del poder civil para abrazar la lógica del Evangelio.

Para el papa Benedicto XVI, la autoridad en la Iglesia nunca puede entenderse como dominio. En sus encíclicas, recordó que la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en el servicio (diakonía). En el contexto de una cofradía, el hermano mayor o los miembros de una junta de gobierno no son «directivos» de una asociación secular, sino servidores de una comunidad de fe.

La autoridad, según el Magisterio, tiene un doble propósito: por una parte, custodiar la fe, asegurar que los cultos y la vida de la hermandad no se desvíen hacia el folklore vacío y, por otra parte, fomentar la caridad, o lo que es lo mismo, convertir la estructura de la hermandad en una herramienta para llegar a los más necesitados.

Por su parte, si hay un mensaje que el papa Francisco enfatizó, es la lucha contra el clericalismo y el protagonismo dentro de las hermandades. Francisco ha sido contundente: «El verdadero poder es el servicio». En sus encuentros con cofrades, advirtió sobre el riesgo de convertir la gestión de las hermandades en una carrera de honores o en una búsqueda de estatus social. Y así dijo: «No seáis “cristianos de escaparate”. Que vuestras hermandades sean laboratorios de caridad y escuelas de humildad». No se olvide que el modelo propuesto es el de la pirámide invertida: quien está en la cima (la autoridad) debe ser quien sostiene y sirve a todos los demás, emulando el gesto de Cristo en el lavatorio de los pies.

Basándonos en las exhortaciones apostólicas como Evangelii Gaudium, podemos resumir el perfil del dirigente cofrade en tres pilares:

● Humildad frente al cargo: El cargo es temporal y es una carga de responsabilidad, no un privilegio.

● Espiritualidad profunda: No se puede dirigir una comunidad religiosa sin una vida de oración coherente. La autoridad nace del testimonio, no del decreto.

● Apertura y comunión: La hermandad no es un ente aislado; debe estar en plena comunión con el obispo y la parroquia, evitando el aislamiento elitista.

En definitiva, el Magisterio más reciente invita a las cofradías a redescubrir su sentido original. La autoridad en una hermandad solo es legítima cuando se ejerce como una misión evangelizadora. Cuando un cofrade sirve a su hermandad con humildad, no solo gestiona un patrimonio, sino que se convierte en un puente entre Dios y los hombres a través de la piedad popular.

En definitiva, mandar en una cofradía es, esencialmente, aprender servir a los hermanos.


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