lunes, 26 de enero de 2026

Conversión

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P. P. Mateos

Cristo de los Doctrinos | Fotografía: Pablo de la Peña

26-01-2026


Un anciano dijo: «Los profetas escribieron sus libros; vinieron nuestros padres y los pusieron en práctica. Quienes vinieron después que ellos los aprendieron de memoria. Finalmente ha llegado esta generación que los copia y, sin leerlos, los guarda en las estanterías» (Dichos de los Padres del Desierto. Ed. Sígueme).

Tomando pie en el dicho citado, cuando nos acercamos a la celebración del Misterio Pascual, que es el culmen de la Pasión del Señor, hemos de plantearnos si, sencillamente, guardamos los libros en las estanterías (dar una imagen) o si los sabemos de memoria (saber qué tenemos que decir para quedar bien) o sí los hemos puesto en práctica, es decir, si mi vida busca ser un reflejo del Señor. Ser testigo no es decir o hacer, sino sentir que la vida interior concuerda con la vida exterior y que son parecidas al Evangelio. De no darse esta unidad, o bien la vida exterior es un teatro, o bien la vida interior es una imaginación en la que me siento cómodo.

En mi opinión, necesitamos un cambio de mentalidad que muestre el carácter simbólico de las imágenes y las libre de un realismo que no tienen, puesto que como madera no sienten ni padecen. Este cambio me parece necesario para que la Semana Santa sea un tiempo de conversión y de gracia. Pensar que debo todo a una imagen, obra de hombres para los hombres a cambio de un beneficio y que no debo nada a una persona humana, obra gratuita de Dios, debe hacer que me tiemblen los pensamientos y los deseos, y todos y cada uno de los más mínimos rincones de mi ser.

Contemplando el testimonio de hermanos nuestros como san Pablo, cuya conversión celebrábamos ayer; santa Teresa de Jesús, que dice que se convirtió cuando tenía unos cuarenta y dos años; san Francisco de Asís y san Carlos de Foucauld se convirtieron después de una vida llena de desórdenes y vicios; y la misma María Magdalena y muchos otros… Podemos aprovechar la próxima celebración de la Pascua para pedir al Señor que alumbre las tinieblas de nuestro corazón y podamos descubrir de qué modo Cristo nos busca como a la oveja perdida, no como a prófugos.

Desde mi punto de vista, es fundamental que cada paso muestre la conversión de sus portadores, es esencial que cada procesión muestre el compromiso de vida de los hermanos que en ella desfilan, sin palabras, ni carteles, ni gestos… sino por un espíritu que se respire en el ambiente solo porque hombres y mujeres del Espíritu están presentes. Volvamos a poner en práctica, los libros que escribieron los Autores Sagrados, de modo que no vivamos para nosotros sino para Cristo pasando el Evangelio al mundo como el día a la noche, sin hablar, sin pronunciar. De otro modo no veo cómo puede hacerse presente el Señor para buscar a los perdidos, llamar a los pecadores, etc.


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