miércoles, 7 de enero de 2026

Cortarse la coleta

| | 0 comments

Álex J. García Montero

Fotografía: Roberto Haro

07-01-2026


Enero es buen momento para hacer propósitos. De todos son conocidos los relacionados con la salud (dejar de…), apuntarse al gimnasio (todo un reto), incluso ir. Siempre que uno hace propósitos pretende enmendar o borrar parte de su vida anterior.

Recientemente han acaecido en los toros dos parones o finales. Uno por conocido, el del Maestro de la Puebla del Río decidió cortarse la coleta en Madrid, y también la de Florito el sempiterno mayoral de Las Ventas. En ambos casos han sido de una manera u otra sus hijos los que han tenido un protagonismo, posiblemente inesperado. En el caso de Morante, su hijo le cortó la coleta. En el caso de Florito, será su vástago el que continúe su labor en el coso venteño.

Los dos expresaron situaciones muy comunes en nuestras vidas. Morante paró tras un cúmulo de éxitos por un «no puedo más». Florito al ver que su hora mágica llegaba a un final. Ambos en la cumbre. Morante en el hito de la aclamación popular (su carrera ha sido meteórica). Florito en el hastío de los silencios de los muecos. Sillares y troneras han gritado por aclamación a los dos maestros del manejo de reses en los ruedos. Uno, el hispalense (más madrilano, pues decidió plantarse en la capital), el otro, criado entre las bambalinas venteñas, avezado en el manejo de mansos y bueyes.

En las cofradías y hermandades todos hemos pasado por los éxitos y los fracasos. Hemos dado lo mejor de nosotros con la mejor de las intenciones. Sin buscar medrar socialmente pues tenemos nuestra vida más o menos resuelta. Hemos luchado por hacer de la Semana Santa un mundo mejor. Mejor en la ética y en la estética. Mejor en cuidar a los hermanos, a los más jóvenes y niños. Mejor en lograr «cartas de pago», incluso ofreciéndolas por doquier con la más estulta de las excusas. Reunirnos hasta la saciedad para consensuar y sacar proyectos adelante, a pesar de muros eclesiásticos, civiles (no militares, pero casi). Tratar de resucitar proyectos cuasi inhumados como publicaciones, revistas, boletines… que poco o nada tienen de visualización exterior (no conozco a nadie que vocee «¡a ésta es!» cuando esté escribiendo un artículo, maquetando o pergeñando en la soledad de un despacho o una habitación, el diseño de lo que será la revista de su hermandad la próxima Cuaresma. Mirando y remirando precios y presupuestos, y poniendo pecunia de su faltriquera para adquirir enseres sin que suponga un coste alguno a su penitencial. Y todo forma parte de esos cofrades del silencio, o lo que es peor acallados por sus juntas y priostías. Porque ahora quienes mandan en todo son esos chicos guapos o guapas de impecables vestimentas, trajes y albas y dalmáticas, que visten y desvisten imágenes y juntas a su antojo. Y no ven más allá de sus egos (cuánto capirote haría falta para tapar los ombligos de priostes y capataces).

Y, la ilusión inicial medrada con oración y ponderada con sacrificios y renuncias, se ve mermada con cada desprecio, falta de reconocimiento básico, un simple agradecimiento o una mirada comprensiva ante la equivocación humana de quien trabaja y se le rompen los platos (y los esquemas).

Y así, día tras día, bufido tras bufido, desplante tras desplante, uno se va alejando de la génesis de lo que supuso entrar o colaborar con más ahínco en su hermandad. Y tras largos periodos de silencio, al final abandona por la puerta de atrás lo que otrora fueron suspiros y desvelos, ilusiones, esperanzas en sus respectivas corporaciones. Y, mirando a su familia, a la que tantas veces olvidamos, en mi caso a mi hijo Yago, a quien trato de trasmitir día a día mi vida cofrade más allá de la Semana Santa, nos damos cuenta de que hemos dejado pasar muchas noches de ilusiones, semejantes a las de Reyes de esta misma semana, por mor de llenar egos de otros sin atender los nuestros (también legítimos, por qué no).

Ahí, llega el momento. Tenemos avisos. Podemos enunciarlos y ponerlos voz (como dicen ahora con las emociones): cabreos, silencios, lágrimas, incomprensiones… y por más que nos resistamos, surge la duda: ¿debo seguir?, ¿debemos continuar? Y, la respuesta ante el espejo de la nebulosa de la realidad es ¡NO! Es necesario parar. Puede ser una parada temporal (suspensión temporal de la convivencia decían en la Casa Real antaño, cuando aparecían elefantes y corinas entre lechos y escopetas), o definitiva. Es como dejar de fumar. Desde mi punto de vista es mejor dejarlo ipso facto, pero hay gente que prefiere reducir el consumo para fumar el doble o el triple tras ese parón.

Hay vida más allá de la Semana Santa. Hay vida más allá de San Esteban, de San Pablo, de San Martín, de la Clerecía, de San Sebastián, de Jesús Obrero, de las Úrsulas, también de mi Santa Nonia querida en León. Y esa vida es necesaria porque si no seríamos cómplices de seguir alimentando egos ajenos y cabreos propios.

Las decepciones muchas veces son nuestras porque confiamos expectativas a personas que buscan likes y proyecciones sociales en cada respiración. Lo nuestro es asintótico. Rozamos la perfección para nunca lograrla. Nos deslizamos en los límites del silencio sin callar las injusticias. Gritamos en el vacío de la nada ante la sordera egocéntrica de manos que portan varas y galletas roídas de tradición y traición.

Y cuando un día te sientas ante el teclado de tu correo electrónico, abrazas a tus cercanos, miras tu retrovisor y caminas hacia delante, comienzas a redactar tu comunicación con un único asunto: «Baja» o «Cambio». Y escribes en pocas palabras lo mucho callado durante amplios periodos de tiempo.

Simplemente te cortas la coleta. Da igual lo que hayas hecho, sido o vivido. Te vas. Y, como un palio cimbreante tras el incienso de los egos, tú te quedas atrás viendo pasar tu vida cofrade. Te cambias de acera, de calle, de plaza. Sabes que seguirás en este mundo. Pero formando parte del que realmente importa, tu vida, tu familia, tus amigos, tu gente. También tus devociones. Porque seguirán siendo tu Cristo, tu Virgen… mi Nazareno, mis Angustias, mis Ánimas, mi Pasión…

Lo dicho. Cortase la coleta. Tres palabras. Tres términos. Un solo concepto: «catarsis».

Feliz año 2025. Felices Reyes. Feliz vuelta a la rutina.


0 comments:

¿Qué buscas?

Twitter YouTube Facebook
Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión