miércoles, 25 de febrero de 2026

La didáctica de los cromos

| | 0 comments

 Jesús A. Alonso Cuesta

Cromo de la inolvidable dupla Munitis-Zigic, en el Racing de Santander de 2005-2006

  25-02-2026

Han pasado ya tres semanas desde que tuvo lugar la presentación de «HolyCards Salamanca» y, bien entrada la Cuaresma, sigue siendo uno de los asuntos que más comentarios, opiniones y debates ha generado en el mundillo cofrade salmantino. Discursos más o menos interesados, reflexiones más o menos objetivas han inundado redes sociales y corrillos varios. Este humilde articulista, como no podía ser de otra manera, tampoco iba a permanecer al margen.

Numerosos son los estudios universitarios que afirman los beneficios del coleccionismo: desarrollo del pensamiento lógico, mejora de la memoria, fomento de la curiosidad, desarrollo del aprendizaje autónomo, interacción con otros congéneres, responsabilidad, perseverancia o construcción de la identidad, son algunas de las bondades de realizar colecciones como la que nos ocupa.

Sin ir más lejos, servidor se confiesa coleccionista desde la más tierna infancia de sus dos principales pasiones, el futbol y la Semana Santa. En una era pre-internet podía recitar de memoria la alineación del Racing de Santander de la temporada 2005/2006 —qué espectáculo aquella dupla Munitis-Žigić— o explicar, para asombro de propios y extraños, que la Virgen de las Aguas de la sevillana Hermandad del Museo fue realizada por Cristóbal Ramos en 1772. Nada que sorprendiera a mis padres, resignados a verme pegado cada año a la Guía Marca y a El Llamador de Canal Sur.

Y quizá por esa condición de coleccionista, esta colección de cromos no solo entretiene: enseña. El problema es que algunas de las lecciones que ofrece son bastante incómodas.

La primera lección, y a riesgo de comprometer el resto del artículo, es que la Semana Santa de Salamanca no tiene cantidad —que no calidad— suficiente para un coleccionable de las dimensiones planteadas. Las dieciocho hermandades de penitencia existentes no generan contenido mínimo para una colección de 486 cartas. Sirva la comparación: ciudades como Huelva, con 27 hermandades, o Málaga, con 43, cuentan con colecciones más reducidas. Aquí, en cambio, se ha optado por estirar el chicle hasta el límite, con el riesgo evidente de convertir el álbum en un ejercicio de paciencia más que de disfrute.

El resultado está a la vista: páginas y páginas de calles vacías, como un Google Maps troceado; hábitos repetidos hasta la saciedad; escudos duplicados una y otra vez porque, claro, casi todas las hermandades portan como medalla su propio emblema. Todo ello responde, probablemente, a una necesidad económica comprensible, pero no por ello menos empobrecedora desde el punto de vista cultural y narrativo.

Otra lección que deja este coleccionable es la irrelevancia concedida a los músicos y, en general, a las hermandades de Gloria. Una organización confusa y una selección de imágenes realizada con escaso mimo evidencian que aquí se ha primado el relleno sobre el criterio. No hay relato, no hay equilibrio y, en demasiadas ocasiones, tampoco hay respeto por quienes también construyen la Semana Santa.

 

Pero si hay una enseñanza especialmente reveladora es la confirmación de la conocida megalomanía de ciertas autoridades, ya sean cofrades, civiles o eclesiásticas. Resulta realmente repulsivo comprobar cómo algunos tratan de perpetuarse en el imaginario colectivo desde espacios que deberían estar reservados al servicio. Más aún cuando se les concede una sección titulada «Protagonistas». Illmo. Sr. Carlos García Carbayo, Monseñor Retana, Sr. Presidente Hernández, en la Semana Santa solo hay dos protagonistas, Jesucristo y su bendita Madre.

El lanzamiento de las HolyCards también ha vuelto a destapar el espíritu cainita que una parte del mundillo cofrade salmantino arrastra desde hace años. Las críticas comenzaron incluso antes de la presentación oficial. ¿El motivo principal? No formar parte del proyecto. Porque aquí el problema no es el formato, ni el precio, ni la calidad: es el ego herido. El revanchismo y la sensación de propiedad exclusiva de la fiesta siguen demasiado presentes entre algunos que parecen creer que la Semana Santa, sin ellos, no tiene valor.

Aun así, y quizá por el espíritu cuaresmal que debería presidir estos días, quien suscribe prefiere aferrarse a la exhortación de la Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses (5,21-22): «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno; evitad toda clase de mal».

Porque haberlo, haylo. La colección vuelve a poner sobre la mesa tres grandes cicatrices de nuestra Semana Santa: las de las hermandades extinguidas. Además, acerca al gran público parte del vasto archivo fotográfico de nuestras corporaciones. Y el código QR incluido en cada carta permite acceder a una explicación de la imagen correspondiente. Descripciones mejorables, sí; con erratas, también; pero que, al menos, abren una pequeña puerta al conocimiento.

En definitiva, larga vida a las HolyCards, sean lanzadas por empresas sevillanas, salmantinas o turolenses. Porque nada quitan y, por poco que aporten, ya será más de lo que algunos detractores dicen hacer. Quién sabe si hoy hay algún niño maño aprendiendo de carrerilla la trayectoria del delantero kosovar Vedat Muriqi y, al mismo tiempo, que nuestro Nazareno fue realizado por José de Larra en 1716. Así sea.

 

 

0 comments:

¿Qué buscas?

Twitter YouTube Facebook
Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión