13-02-2026
Cuando
llegó, la Vera Cruz ya estaba allí. El célebre cuento del dinosaurio de
Monterroso podría servir para poner en suerte la cuestión. Tampoco es un gran
descubrimiento, porque vale con echar cuentas, pero a veces está bien
aprovechar las efemérides para coger algo de perspectiva.
El
caso es que Francisco de Vitoria llegó a la cátedra de Teología de la
Universidad de Salamanca en 1526, es decir hace cinco siglos, y cuando lo hizo,
el germen fundamental de la Semana Santa de Salamanca ya estaba allí. Los
hermanos de la Disciplina de Cristo ya llevaban entonces veinte años
constituidos como Cofradía de la Cruz en torno a la gran comunidad franciscana
que se había instalado en la ciudad algunos siglos antes.
Todavía
hay una curiosidad más de fechas, porque apenas unos meses después de la
llegada de Vitoria a Salamanca se produjo la integración de los hermanos de la
Santa Cruz con la Cofradía de la Inmaculada Concepción, que esto sí es ya la
aproximación definitiva a la Vera Cruz tal y como la conocemos, antes todavía
del famoso privilegio de Felipe II, los hospitales, las imprentas, la gran
reforma de su capilla del Campo de San Francisco y todo lo demás.
Francisco
de Vitoria declinó acudir al concilio de Trento, convocado ya en las
postrimerías de su vida, pero a través de otros ilustres discípulos como
Melchor Cano sus ideas influyeron decisivamente en la reforma que vino a poner
coto a ciertos desmanes y abusos en los que había caído la Iglesia.
De
aquel impulso reformista, como reacción al protestantismo, surgieron las ideas
que alentaron definitivamente el desarrollo de las procesiones de Semana Santa
que dieron forma a las celebraciones cofrades que han llegado hasta hoy.
Con
distintas maneras de expresar el sentimiento fundamental de recordar el
sufrimiento de Jesús y manifestar la esperanza en la Resurrección en la calle,
toda esa amalgama histórica permite que hoy Salamanca cuente con una
interesante diversidad en sus manifestaciones públicas de fe que este año tiene
como cartel la procesión del silencio de la Hermandad Universitaria, en una
sensacional foto de David Gómez.
La
del Cristo de la Luz y la Virgen de la Sabiduría está entre las más sobrias,
espirituales y auténticas de nuestras procesiones (a pesar de haberse originado
a mediados del siglo XX) y también de las más «Vitoria». La esencia del
pensamiento del dominico está plasmada en una procesión que siempre emociona e
impacta y que este año tiene que ser más protagonista que nunca.
Hay
cosas que Salamanca no se acaba de creer. La importancia de su Semana Santa
(con sus miles de problemas y dificultades que tampoco se pueden negar) es una
de ellas y otra es el impacto que el pensamiento de Francisco de Vitoria ha
tenido en la historia de la humanidad.
Porque
Vitoria fue pionero en levantar la voz para abordar cuestiones revolucionarias
que dieron lugar al Derecho Internacional, pero todo su pensamiento se basaba
en cierta forma en la convicción de que toda persona por el hecho de nacer goza
de dignidad y que sobre esa dignidad se deben construir los derechos que los
estados tienen que respetar y proteger.
La
misma dignidad en el virrey que en el último indígena de Centroamérica. Y eso
lo dijo levantando la misma cruz sobre la que va clavado el Cristo de la Luz.
Conviene no olvidarlo.




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