miércoles, 18 de febrero de 2026

Vivir como «inmigrantes»

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P. P. Mateos


18-02-2026

Comencemos con un dicho de los padres del Desierto: «Un hermano preguntó a abba Poimén: “¿Cómo debo comportarme en el lugar en el que vivo?”. Le dijo el anciano: “Siéntete como un extranjero allí donde vives, sin tratar de imponer tu palabra y tendrás paz”» (Dichos de los Padres del Desierto. Editorial Sígueme. Salamanca).

La penitencia cuaresmal debe de ser una lucha de cada uno contra sí mismo puesto que: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12,25). No se trata, por tanto, de un ejercicio de resistencia únicamente. Algo de resistencia hay que tener en cada momento en que nos intentamos desviar del camino trazado para volver a la zona de confort. Con la penitencia cuaresmal tratamos de volver al que sabemos nos ama. Y volvemos porque estamos como extranjeros, cuando nos sentimos sin él.

Por otro lado, en la misma obra citada encontramos: «Un hermano que había ido a vivir a tierra extranjera consultó a un anciano y le dijo: “Quiero regresar a mi tierra”. Le dijo el anciano: “Hermano, has de saber que cuando viniste aquí desde tu tierra, tenías al Señor que te guiaba; pero ahora si regresas, ya no lo tendrás”». Cuando volvemos buscando nuestra zona de confort volvemos la mirada a tiempos pasados y por tanto no necesitamos a Dios, ya sabemos el camino, solo nos vemos a nosotros mismos. Cambiamos la libertad porque exige un camino duro hasta llegar a ella por la seguridad de un tiempo pasado, como Israel en el desierto cuando recordaba la olla de carne de Egipto.

Negarse a sí mismo es dar entrada a los demás en nuestra vida respetando su ir y venir. De otro modo no podemos ser testigos del Señor, ya que él mismo nos dice: «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos» (Jn 10,9). ¿Podemos aceptar que los demás vayan y vengan cuando quieran y que encuentren en nosotros lo que buscan? Cuando esto ocurre estamos en la libertad, es decir, sin intereses ni miedos. Nos preparamos para la Pascua: Cristo retorna victorioso después de recorrer el camino de la cruz.

No se trata de caer en utopías que no pueden realizarse en este mundo, se trata de levantarse una vez más de las que caigamos hasta que, por la misericordia de Dios, lleguemos a su Reino. Allí la utopía será la realidad. Mientras tanto cada vez que caigamos o retrocedamos en el camino volvamos a él para escuchar: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, levántate»).

 Salgamos al camino, con alegría, de otra forma se cumplirá para nosotros el dicho: un santo triste no es más que un triste santo.

¡Feliz Cuaresma!



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