Moscati, el médico de los
pobres, una película en la que los ideales de un buen creyente,
Giuseppe Moscati, se van modulando con el paso del tiempo en las diferentes
ocasiones en que se encuentra con los pobres.
Sin duda las esperanzas y los
gozos de Giuseppe se muestran en los encuentros con la mujer que ama y que lo
ama. Todos ellos se van quedando al margen mientras Giuseppe va eligiendo
siempre a los pobres en todas sus dimensiones y facetas. Su casa, donde acaba
acogida la prostituta que ama su amigo, se llena de pobres, puesto que todos
van a donde saben son bien recibidos.
Con todo, nunca tendrá Moscati
correspondencia ninguna de su gran amigo de juventud. Toda su vida pasará
esperando un encuentro que nunca llega. Es más, tiene que aceptar, primero, la
pareja que surge entre el amigo y la mujer que ama y después desear su
felicidad, viviendo con humildad el acontecimiento.
Se trata de un testimonio que
consigue gracias a que no aparta su mirada del Evangelio, eligiéndolo siempre
frente a la oferta del mundo y a sus propias preguntas. A través de su vida
podemos contemplar la acción del Espíritu Santo. Siempre se sacrificará en
favor de muchas personas de su entorno que se sienten interpeladas por su forma
de vida, tanto para bien, como para mal. Lo que hace pensar en la lámpara que
brilla en lugar oscuro (Cf. 2 Pe 1,19).
La oscuridad en esta hora de
la historia es más que evidente. Ahora bien, ¿estoy dispuesto a ofrecerme para
ser esa lámpara que brilla en lugar oscuro? La renuncia a nosotros mismos es lo
que marca el camino de la cruz, es lo que prueba el amor a Dios y al hombre
como Cristo lo vivió. Se trata de que en el claroscuro de la vida pueda ser esa
pequeña candela. ¿Podía san Giuseppe Moscati hacer que su hermana se viera con
su casa vacía de todo y llena de pobres, o su novia sin él una vez se le había
prometido? No se trata de pensar que creer me da derecho a todo, sin pensar en
otros, sino de que a ellos también les estoy amando.
Ahora, próxima la Semana
Santa, nuestro ánimo y nuestro fervor son indiscutibles. ¿Significa esto que
quiero negarme a mí mismo para seguir al Señor cargando con mi cruz? La
diferencia entre una representación y una vivencia está en la fe con que vivo
lo que hago. Un pequeño discernimiento lo puedo encontrar en que si el culto
que doy es una representación, todo el bien que realizo en la vida cotidiana es
filantropía, como mucho, pero siempre vacío de Espíritu. Y desde luego, no
sirve para iluminar la oscuridad que vive el mundo en esta hora de la historia.




0 comments: