miércoles, 11 de marzo de 2026

Moscati

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P. P. Mateos

Fotografía: Roberto Haro

11-03-2026

Moscati, el médico de los pobres, una película en la que los ideales de un buen creyente, Giuseppe Moscati, se van modulando con el paso del tiempo en las diferentes ocasiones en que se encuentra con los pobres.

Sin duda las esperanzas y los gozos de Giuseppe se muestran en los encuentros con la mujer que ama y que lo ama. Todos ellos se van quedando al margen mientras Giuseppe va eligiendo siempre a los pobres en todas sus dimensiones y facetas. Su casa, donde acaba acogida la prostituta que ama su amigo, se llena de pobres, puesto que todos van a donde saben son bien recibidos.

Con todo, nunca tendrá Moscati correspondencia ninguna de su gran amigo de juventud. Toda su vida pasará esperando un encuentro que nunca llega. Es más, tiene que aceptar, primero, la pareja que surge entre el amigo y la mujer que ama y después desear su felicidad, viviendo con humildad el acontecimiento.

Se trata de un testimonio que consigue gracias a que no aparta su mirada del Evangelio, eligiéndolo siempre frente a la oferta del mundo y a sus propias preguntas. A través de su vida podemos contemplar la acción del Espíritu Santo. Siempre se sacrificará en favor de muchas personas de su entorno que se sienten interpeladas por su forma de vida, tanto para bien, como para mal. Lo que hace pensar en la lámpara que brilla en lugar oscuro (Cf. 2 Pe 1,19).

La oscuridad en esta hora de la historia es más que evidente. Ahora bien, ¿estoy dispuesto a ofrecerme para ser esa lámpara que brilla en lugar oscuro? La renuncia a nosotros mismos es lo que marca el camino de la cruz, es lo que prueba el amor a Dios y al hombre como Cristo lo vivió. Se trata de que en el claroscuro de la vida pueda ser esa pequeña candela. ¿Podía san Giuseppe Moscati hacer que su hermana se viera con su casa vacía de todo y llena de pobres, o su novia sin él una vez se le había prometido? No se trata de pensar que creer me da derecho a todo, sin pensar en otros, sino de que a ellos también les estoy amando.

Ahora, próxima la Semana Santa, nuestro ánimo y nuestro fervor son indiscutibles. ¿Significa esto que quiero negarme a mí mismo para seguir al Señor cargando con mi cruz? La diferencia entre una representación y una vivencia está en la fe con que vivo lo que hago. Un pequeño discernimiento lo puedo encontrar en que si el culto que doy es una representación, todo el bien que realizo en la vida cotidiana es filantropía, como mucho, pero siempre vacío de Espíritu. Y desde luego, no sirve para iluminar la oscuridad que vive el mundo en esta hora de la historia.



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