lunes, 9 de marzo de 2026

VIA CRUCIS

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P. Lino Herrero Prieto CMM

Camino del Calvario, pintura de George Nene

09-03-2026
 

Primera estación: JESÚS CONDENADO A MUERTE

Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos [Mt 27,26]

Contemplando el rostro compasivo de Jesús

Someten a juicio al Juez del mundo, acusado de pretender hurtar la majestad del César de Roma. Preso de su corazón dividido, Pilatos sentencia a muerte al autor de la vida. Y Jesús callaba.

Dios está hoy sentado en el banquillo, acusado de ser un rival envidioso del hombre. La mentalidad dominante se aprovecha de la pusilanimidad de los creyentes para sentenciar el desalojo de Dios.

Señor Jesús, perdona nuestra cobardía por sucumbir sin resistencia a lo que se nos impone como pensamiento único. Ayúdanos a confesar que tú eres el mejor provenir del ser humano.

Segunda estación: JESÚS CARGA CON SU CRUZ

El que quiera seguirme…, tome su cruz y sígame [Mt 16,24]

Contemplando el rostro anhelante de Jesús

Como el joven Isaac cargó al hombro el haz de leña de su propio sacrificio, toma Jesús y se abraza con amor al leño de la cruz, en la que ha de morir como un malhechor convicto.

Espera Jesús de los suyos que aceptemos el peso de ser hombres y que pongamos mucho amor al cargar nuestra cruz personal. Ello dará alas a nuestros pies a la hora de llevarla.

Señor Jesús, perdona nuestra necedad, porque hemos pretendido seguirte liberándonos de nuestras cruces. Ayúdanos a confesar que el amor alivia su peso, cargándolas de sentido.

Tercera estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

Cargó sobre mí los pecados de todo mi pueblo [Lam 1,18]

Contemplando el rostro fatigado de Jesús

Al poco de tomar la cruz, verdadera y pesada, Jesús se derrumba. Pero hay algo que le empuja a incorporarse y le mueve a continuar el camino: quiere levantar en alto al ser humano caído.

El que todo lo puede se humilla para liberarnos de nuestro orgullo. Dios por tierra para que el hombre se vea promocionado. Sale así Dios garante de los sueños e ideales del ser humano.

Señor Jesús, perdona nuestra soberbia, que nos lleva a creernos dioses autosuficientes, por encima del bien y del mal. Ayúdanos a confesar que contigo encontramos sendas de futuro.

Cuarta estación: JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

Y María conservaba todo esto en su corazón [Lc 2,51]

Contemplando el rostro atribulado de Jesús

En la vía, que llaman dolorosa, se encuentra un hijo con su madre, una discípula con su maestro. En la escuela de Jesús aprende María a entregarse sin reservas a la causa de Dios.

Mucho es el dolor de aquel encuentro, porque mucho es el amor de los que se abrazan. Y después, el desgarro de una nueva separación, para poder cumplir ambos con la voluntad del Padre.

Señor Jesús, perdona nuestra falta de generosidad hacia ti, que nos lleva a reservarnos y a medir lo que te damos. Ayúdanos a entregarnos a ti con mucho amor, aún en medio del dolor.

Quinta estación: JESÚS AYUDADO POR EL CIRINEO

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí [Mc 8,34]

Contemplando el rostro agradecido de Jesús

Tan débil avanza Jesús que hasta sus enemigos se dan cuenta. Mientras el hombre de Cirene se ve obligado a ayudar, ningún amigo se acerca de manera voluntaria a echarle una mano.

La cruz compartida es más llevadera. Espera Dios de sus amigos que mutuamente se ayuden a llevar las cargas; que de buena gana atiendan a los que se encuentran caídos por el camino.

Señor Jesús, perdona el que no nos impliquemos por miedo a complicarnos. Ayúdanos a reconocer que es una gracia poder atender al que nos necesita, mereciendo así ser atendidos por ti.

Sexta estación: JESÚS ES LIMPIADO POR LA VERÓNICA

Buscad mi rostro… Tu rostro buscaré [Sal 27,8]

Contemplando el rostro sorprendido de Jesús

El que todo lo puede ya no es capaz ni de limpiarse su rostro. En su debilidad queda a merced de los demás. Una mujer anónima se atreve a desentonar, poniendo en ejercicio la compasión.

Limpiando el rostro de los demás, a los que vemos, se va quedando impreso en nosotros el rostro de Dios, al que no vemos. Y si se grava en nosotros el rostro de Dios, tendremos vida.

Señor Jesús, perdónanos porque no hemos sabido reconocer tu rostro en los demás. Ayúdanos a no avergonzarnos de ti y a dar la cara por ti, a fin de recibirte a ti mismo como premio.    

Séptima estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Pero algo traigo a la memoria que me hace esperar: el amor del Señor no ha acabado [Lam 3,22]

Contemplando el rostro abrumado de Jesús

Ver a Jesús caído en el suelo es como ver al sol, casi cegado, estrellado contra la tierra. Es ver a Dios, indefenso y a merced de las pisadas de todos, mordiendo el polvo de la tierra.

Los que hemos sido mordidos por la serpiente, los que somos desde Adán hombres y mujeres caídos, somos en Él sanados de nuestras heridas y levantados de nuestras postraciones.

Señor Jesús, perdónanos porque, cansados de creer, estamos tan a gusto tirados. Ayúdanos a levantarnos, porque el imán de tu amor es más fuerte que la inercia de nuestra debilidad.

Octava estación: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES

Porque si esto se hace con el leño verde, en el seco, ¿qué no se hará? [Lc 23,31]

Contemplando el rostro enternecido de Jesús

Impresionante estampa de un grupo de mujeres dando la cara por Jesús. Impresiona ver a Jesús, necesitado él de consuelo y compasión, sacando fuerzas para consolarlas a ellas.

Decimos que el dolor del hermano no se arregla mojándole en lágrimas. Pero, como no empiece por conmoverse el corazón no se moverán luego ni las manos ni los pies para ayudarle.

Señor Jesús, perdónanos porque nos impresiona el mal hecho a los inocentes, pero nos deja indiferentes el mismo mal. Ayúdanos a llorar con el que llora, que es obra de misericordia.   

Novena estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Porque el Señor no desecha para siempre, sino que después de afligir, se compadece, según su gran misericordia [Lam 3,32]

Contemplando el rostro aplastado de Jesús

A punto de llegar a la cima del monte, Jesús y su cruz de nuevo por tierra. La meta que le espera y la tarea que le aguarda es motivación suficiente para levantarse y seguir adelante.

Es Jesús como un cordero, silencioso y manso, llevado al matadero para ser degollado. Doblado por la pesadumbre de nuestros yugos, nos ofrece la suavidad del suyo para caminar ligeros.

Señor Jesús, perdónanos porque nuestros pecados te volvieron a empujar. Aliviados por tu caída y fijos los ojos de nuestra existencia en ti, ayúdanos a levantarnos de nuestras caídas.   

Décima estación: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento [Is 53,3]

Contemplando el rostro confundido de Jesús

¡Qué violencia en el despojo! Arrancan a Jesús la ropa y con ella se le vino la carne, hecha jirones. En breve le arrancarán la vida. Y queda Jesús afrentado y avergonzado.

Despojado de todo, queda Jesús investido como el verdadero Rey de la libertad verdadera. Y así nos devuelve el esplendor a los que, por el pecado, habíamos perdido la vestidura primera.

Señor Jesús, perdónanos porque nos quejamos cuando nos arrancan de las cosas a las que estamos apegados. Ayúdanos a vencer los apegos, ya que es la única manera de ser libres.

Undécima estación: JESÚS ES CRUCIFICADO

Luego le crucificaron y sobre su cabeza pusieron escrita su causa: “Este es Jesús, el rey de los judíos” [Mt 27,33]

Contemplando el rostro contraído de Jesús

Como si se tratara de un lecho, extienden a Jesús sobre la cruz y le cosen a ella. Y, aunque la misma creación se revele, el martillo cae certero sobre la cabeza de los clavos. Y se deja hacer.

Y así mantiene Jesús la tónica de su vida, empleada en cumplir apasionadamente la voluntad adorable de su Padre. De esta manera, Jesús nos salva de todas nuestras incoherencias.

Señor Jesús, perdónanos porque solemos salir huyendo de nuestras legítimas ataduras. Ayúdanos atarnos con gozo y decisión a nuestros compromisos, obligaciones y deberes.

Duodécima estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Y habiendo dicho todo esto, inclinó la cabeza y expiró [Lc 23,46]

Contemplando el rostro agonizante de Jesús

Aparentemente abandonado del Padre y rechazado por los hombres, muere Jesús entre el cielo y la tierra, amando al Padre y a los hombres hasta el extremo de desfondarse.

Y muere Jesús como puente y pontífice ‒constructor de puentes‒ entre el Padre y los hombres. El Dios con nosotros y para nosotros viene a ser ahora el Dios por nosotros y en nosotros. Señor Jesús, perdónanos por nuestras reservas y tacañería a la hora de amar a Dios y a los hermanos. Ayúdanos a dejar lucir y llover nuestro amor sin ponerle tasa ni medida.

Decimotercera estación: JESÚS BAJADO DE LA CRUZ

Mirarán al que traspasaron [Jn 19,37]

Contemplando el rostro desfigurado de Jesús

En lo alto del Gólgota se repite la escena de Belén: la Madre toma en brazos al Hijo. Rodeada de las tinieblas más oscuras, hay en el corazón de María una luz verde de esperanza.

El rocío de sus lágrimas calladas hará que Jesús se despierte y resucite en Dios. La Madre calla, porque sabe que la cosa es de Dios. Sobran las palabras porque el silencio es más elocuente.

Señor Jesús, perdónanos porque, ante el dolor propio y ajeno, hablamos demasiado y con palabras prefabricadas. Ayúdanos a poner cargas de esperanza cierta con la cercanía de nuestro silencio.

Decimocuarta estación: JESÚS EN EL SEPULCRO

En el huerto había un sepulcro nuevo y allí pusieron a Jesús [Jn 19,40]

Contemplando el rostro plácido de Jesús

Haciendo el debido duelo, los suyos entierran el cuerpo de Jesús. El grano de trigo es enterrado para resucitar en el fruto de la espiga. El cielo está ahora metido en la entraña de la tierra.

Duerme el cuerpo de Jesús, pero él sigue haciendo el bien. De la mano del nuevo Adán vuelve el hombre pródigo al jardín del Edén, donde le espera la fiesta que el Padre le tenía preparada.

Señor Jesús, perdónanos porque con harta frecuencia trivializamos la muerte. Ayúdanos a no tirar nunca la toalla de la vida propia y ajena, sino a ponerla con amor en manos del Padre.



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