02-03-2026
Además de para viacrucis,
pregones, presentaciones de cromos y de revistas, plenos en los que votar
cuentas o estudiar procesiones extraordinarias, bien está que las cofradías y
los cofrades nos juntemos para buenas causas y, de paso, para conocernos mejor,
como sucedió el jueves pasado con motivo de la Operación «Más que un bocata» de Manos Unidas, esa ONG de la
Iglesia que nos ayuda a mirar al Sur, a las necesidades que sólo deberían estar
lejos en lo geográfico.
A la puerta de los Trinitarios esperaba
Goyo, hospitalario anfitrión como siempre. He de reconocer que, en mi composición
de lugar, el patio estaba lleno de alumnos del colegio, y de otros colegios, y
de otras parroquias, y de… pero no, mi idea era muy noventera, de cuando en el
Amor de Dios nos dejaban salir media hora antes para encaminarnos hacia el San
Estanislao sin opciones reales de bocadillo de tortilla pero con nuestro ticket
canjeable por uno de salami y una lata de refresco de limón.
Fue el del 26 de febrero, a un mes
y un día del Viernes de Dolores, un encuentro cofradiero salmantino, que tengo
para mí que debería ser el objetivo del Encuentro Nacional de Cofradías de
septiembre: como requisito previo y como fruto posterior. Comentaban Iván
Marcos y Julián Alcántara padre sobre la ubicación de los vestuarios junto al
campo de fútbol, aunque varios lustros separarán sus hazañas balompédicas. Anotaba
y cobraba Primi según se iban retirando los encargos, ya fueran de hornazo, atún,
jamón york y queso… Como en un ordenado Jueves Santo, se disponían a lo largo
de la mesa los hermanos de la Seráfica y los de Amor y Paz, mientras los del
Vía Crucis cooperaban con las voluntarias de Manos Unidas en el reparto del
agua y las viandas. Se sentaba a mi lado Marisa y pedía ayuda con el rígido
envasado de su empanada, que estaban envueltas a conciencia y con todos los
salvoconductos sanitarios. Hablaba con Ana y con Goyo, rodeados por sus
hermanos nazarenos, y recordaba cómo los conozco de otras aventuras y cuánto me
alegra seguir coincidiendo con ellos en estas lides. Pedía Fran que nos
diésemos la vuelta para una foto de comensales y que saliésemos para otra en el
exterior. Acordaba con Satur rastrear en las actas de la Vera Cruz la fundación
de la Oración en el Huerto, a punto de cumplir sus setenta y cinco años. Me ponía
al día con Tamara, vieja compañera en la Coordinadora Diocesana y siempre en la
brecha. Guardaba dos sobres de HolyCards para Tomás y otros dos para
Elisa que les regala Charo, que también nos convidó al café por su reciente cumpleaños
junto a algunos de sus hermanos de la Franciscana. Y me despedía al final de
Félix, siguiendo cada uno con sus tareas tras un breve encuentro cofrade al
mediodía, agradable paréntesis en la vorágine cuaresmal.
Ojalá pronto más reencuentros. Y
entremezcladas las cofradías y los cofrades con el resto de la comunidad
diocesana, con la que somos y en la que estamos. Sin ir más lejos, en el
congreso de vocaciones, que aquí, en las hermandades, nos ha llamado el Señor
en su Iglesia.




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