miércoles, 29 de abril de 2026

La Pasión de Cristo (1)

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Ramiro Merino



29-04-2026

 

Si un tema ha suscitado abundante filmografía en la historia del cine, lo es sin duda la Pasión de Cristo. Directores afamados ―y no tanto― lo han abordado desde todos los puntos de vista, con mayor o menor acierto, generando auténticas obras de arte en unos casos y resultados más cuestionables en otros.

Sin ánimo de ser exhaustivo, destacaré algunas que gozan de merecida fama y general aceptación, según la crítica ―utilizaré su título original―, como The Passion of the Christ (Mel Gibson), la que con mayor crudeza y realismo representa el dolor físico de Jesús, hasta el extremo de llegar a generar rechazo en el espectador más sensible o eclipsar aspectos más contemplativos; The Gospel According to St. Matthew (P. Paolo Pasolini), considerada por muchos críticos como la versión más artísticamente pura del Evangelio, y que desde el estilo neorrealista muestra una considerable fidelidad textual al Evangelio de San Mateo, aunque menos emocional que la anterior; Jesus of Nazareth (miniserie de Franco Zeffeirelli) que muestra el equilibrio entre humanidad, divinidad y narrativa bíblica, con un ritmo más pausado; King of Kings (Nicholas Ray), que con una magnífica fotografía y puesta en escena se erige en referente del cine bíblico tradicional; The Last Temptation of Christ (M. Scorsese), centrada en el conflicto interior de Cristo con enorme complejidad; Ben-Hur (William Wyler), obra maestra del cine épico que, si bien no se centra exclusivamente en la Pasión, culmina en la Crucifixión y pone de relieve el simbolismo cristiano.

Dicho todo lo anterior, La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, es sin duda mi preferida, por el impacto emocional que me produce y porque no deja de sorprenderme. Recuerdo cómo, la primera vez que la vi, el hecho de escuchar a los personajes hablando en la lengua original en que históricamente se manifestaron cuando sucedieron los hechos (esto es, en arameo, latín y hebreo) me introdujo en una atmósfera de auténtica vivencia religiosa. Supe más tarde, por ejemplo, que Mel Gibson buscó la colaboración en Roma para crear los diálogos en latín entre Jesús, Pilato y los soldados romanos.

Es verdad que la potencia visual de las escenas y el manejo de los efectos sonoros han generado el rechazo de muchos espectadores, por la que consideran excesiva crudeza ―probablemente la tradición de las representaciones plásticas de la Pasión y la Crucifixión han generado una visión muy diferente a lo que realmente contemplaron los ojos contemporáneos del Cristo histórico―. Pero, en realidad y sorprendentemente, la película se queda corta en este aspecto, porque la ciencia actual afirma que el sufrimiento soportado por Cristo fue mucho más intenso.

Philip Koutsaftis, un prestigioso forense que se ha acercado desde el rigor científico al proceso, nos muestra que la Pasión tuvo «un intenso carácter psicosomático» que se inició ya en Getsemaní, donde el evangelio refleja esa tensión experimentada como «sudor de sangre», una condición que la ciencia describe como el estado en que los capilares se rompen y la sangre se mezcla con el sudor. Esto indica que su agonía comienza mucho antes de que se iniciase la tortura. Después, Jesús sería sometido a seis interrogatorios incansables, humillantes y dolorosos, a los que se sumó la flagelación(1). Más tarde, atado y arrastrado durante unos seis kilómetros, sediento y hambriento, vestido y desnudado repetidamente, azotado y coronado por una corona de espinas ―ya expuse en otro artículo que, en realidad, era una especie de casco que cubría toda la cabeza, provocando heridas, dolor y sangrados constantes―. Luego cargó con la cruz, muy pesada y áspera, sobre su malherida espalda. Totalmente agotado, con la sangre y el oxígeno reducidos, se desplomó varias veces camino del Calvario.

Finalmente, la crucifixión: las manos y los pies clavados, traspasados los nervios por esas cuñas terribles que provocaron un dolor indescriptible; la hipotensión postural de su cuerpo, la inmovilidad y la dificultad para respirar y exhalar, la deshidratación... En fin, la muerte multifactorial, según explica Philip Koutsaftis, cuyas principales causas serían la asfixia y el fallo circulatorio. La Pasión de Cristo constituye de este modo una forma extrema de tortura que supera los límites humanos y nos permite intuir, si no reconocer, su divinidad.

Mel Gibson no lo dudó y trató de mostrarlo en su magnífica película. Pero fue mucho más allá, de ahí el reconocimiento que ostenta y que esté muy cerca el estreno de la continuación. Seguiremos descubriendo más curiosidades.

 

(1) El azote rasgó su piel y su carne, causando profundas heridas y una gran pérdida de sangre. Durante el rodaje de la flagelación Jim Caviezel (el actor que interpreta a Jesús) tenía delante un espejo para saber cuándo impactaba el golpe y quejarse, y en su espalda disponía de una protección de madera. Pero el flagelo se desvió una vez y le pegó en el costado. El alarido fue espeluznante, ¡por un solo golpe! Tuvieron que parar la filmación y esperar dos o tres días, si bien tomaron la herida como modelo para el maquillaje.

 


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