lunes, 20 de abril de 2026

Nuestra Congregación

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Vega Villar Gutiérrez de Ceballos


20-04-2026


Las congregaciones, cofradías o hermandades son asociaciones públicas de fieles que comparten una misma tradición y se reúnen con fines de culto, apostolado o crecimiento espiritual.

La espiritualidad entendida como una búsqueda personal, una vivencia interior que invita a sentir y a experimentar sensaciones, emociones e impresiones profundas. Una conexión íntima con las imágenes que despierta fe y devoción, trascendiendo lo visible para adentrarse en lo esencial.

Cultivamos elementos de adhesión —símbolos y túnicas— a través de los cuales el aprecio va arraigando progresivamente. De este modo, adquirimos un compromiso basado en valores compartidos y normas de comportamiento que conducen a una sólida vinculación afectiva.

Los congregantes se acercan a ellas por diversos motivos: algunos buscan encontrar la fe a través de las imágenes o mediante una reflexión interior; otros lo hacen movidos por la cultura popular o la estética; y hay quienes acuden como recuerdo de sus mayores, lo que genera una sensación de continuidad en el tiempo; pero también puede ser una suma de todos estos motivos, la suma de los distintos factores.

Sin duda, hay quienes hallan en ellas aquello que buscan y continúan, con el paso de los años, procesionando o participando en sus cultos; mientras que otros, quizá, no encuentran su lugar y se limitan a contemplarlas cuando vuelven a recorrer las calles de la ciudad.

Las congregaciones están hechas para vivirse plenamente, es en la participación activa donde nace y crece el auténtico sentido de pertenencia.

Las Juntas de Gobierno son temporales: van y vienen. Quienes las integran están llamados no solo a organizar, sino también a servir a la Congregación con dedicación y humildad.

No debemos olvidar que, sin las personas, las congregaciones no son nada. En su seno, todos debemos ser iguales, y por ello debemos tratarnos como verdaderos hermanos. En ellas se comparten experiencias y se forjan lazos personales sólidos y duraderos.

Y es el recuerdo y la influencia de algunos de sus miembros —personas que dejan huella— la que va tejiendo la historia: seres entrañables que siempre regresan a la memoria y a las conversaciones de los hermanos, evocados por sus nombres, sus motes y sus hechos.

Recordar a los difuntos es una parte esencial de la vida comunitaria y de su propia historia; no se trata solo de rememorar, sino de mantener vivo el vínculo con los hermanos que nos precedieron.

Y en el recuerdo de la Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santo Entierro siempre quedaran don Isidro, párroco y capellán que, con el tiempo, nos tomó un profundo cariño y que, llegada su jubilación, nos aguardaba en una esquina, emocionado, mientras el paso se giraba en gesto de saludo. O el hermano mayor con mayúsculas, Juan Calderón, miembro de una larga saga nazarena, con sus innumerables anécdotas y su amor sincero y constante por su congregación hasta su fallecimiento.

No olvidaremos a Antonio Matilla, nuestro cercano capellán: hombre trabajador y culto, de fino e irónico humor, resiliente y ejemplar en su enfermedad. Muy querido entre los salmantinos, ha dejado un gran vacío en la congregación. Fue uno de los nuestros y siempre permanecerá entre nosotros; nos acompañará como un nazareno más, con su cruz de difunto prendida en el paso de N. P. Jesús Nazareno.

Y nuestro Cruz Guía, Fernando Márquez, siempre al frente, abriendo camino, nos enseñó el verdadero significado del sentido de pertenencia y de la tradición. Su lucha constante por preservar la esencia de su congregación y su profundo respeto hacia los mayores dejaron una huella imborrable.

No puedo dejar de evocar su último año, en el que, sobreponiéndose a la fragilidad de su cuerpo, encontraba fuerzas para acercarse a San Julián, reunirse con la Junta de Gobierno, asistir a los cultos y compartir sonrisas al recordar tantas historias vividas. Supo acoger su destino con una honda vivencia interior, hasta entregarse, finalmente, a la mirada del Nazareno.

No os olvidaremos, porque la Congregación somos todos.


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