martes, 19 de mayo de 2026

Mirada crítica

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 Ángel Benito

Fotografía: Óscar García (La Gaceta)

19-05-2026

Hay reconocimientos que uno agradece por lo que significan, pero también por lo que dicen de quien los concede. El galardón Francisco Rodríguez Pascual, que este año ha tenido a bien otorgarme la Tertulia Cofrade Pasión, pertenece a esa categoría. No solo porque lleve el nombre de quien dedicó una parte importante de su vida y de su obra a estudiar, explicar y defender la religiosidad popular, sino porque en este caso se premia algo que no siempre resulta cómodo: mirar la Semana Santa con cariño, sí, pero también con espíritu crítico. Y eso, en el mundo cofrade, no es menor.

Quienes escribimos sobre la Semana Santa sabemos que no basta con contar recorridos, estrenos, cultos, horarios o balances. La Semana Santa de Salamanca es devoción, patrimonio, estética, historia, identidad, ciudad y también convivencia. Pero precisamente por eso merece ser contada con rigor. Merece la crónica que acompaña, el reportaje que descubre, la entrevista que escucha y, llegado el caso, la opinión que incomoda.

Durante años he intentado acercarme a las cofradías desde ese equilibrio difícil: con respeto y afecto hacia quienes sostienen una tradición inmensa, pero sin renunciar a señalar aquello que podía mejorar. La crítica, cuando nace del conocimiento y no del prejuicio, no busca dañar. Busca cuidar. Busca que las cosas funcionen mejor, que las instituciones estén a la altura, que el patrimonio se proteja, que las decisiones se expliquen y que una celebración tan importante para Salamanca no quede reducida a una sucesión de estampas bonitas.

Por eso este reconocimiento tiene para mí un valor especial. Porque premia también esa parte del oficio que muchas veces deja más cicatrices que aplausos. Ser crítico suele salir caro. En demasiadas ocasiones, quien señala un problema acaba convertido en el problema. Quien pide explicaciones parece incómodo. Quien escribe con libertad corre el riesgo de salir escaldado de todos los repartos de afecto, incluso cuando su intención no es otra que contribuir a que aquello que quiere sea mejor.

La Tertulia Cofrade Pasión ha entendido, sin embargo, que la difusión de la Semana Santa no se hace únicamente desde la complacencia. También se hace desde la exigencia. Y que el periodista que acompaña no tiene por qué convertirse en portavoz; ni el cofrade que escribe debe dejar de ser periodista. Esa frontera, a veces tan fina, es la que da sentido al oficio.

Recuerdo especialmente aquella visita a la Tertulia en 2009, cuando varios periodistas empezábamos a caminar y compartimos una conversación sobre la forma de contar la Semana Santa. Es necesario que siga habiendo espacios de reflexión, debate y divulgación. Lugares donde hablar de procesiones, sí, pero también de fondo, de futuro, de identidad y de ciudad.

Desde entonces han pasado muchos años, muchas crónicas, muchos cierres, muchas madrugadas y no pocas discusiones. También muchas muestras de generosidad por parte de cofrades que abren sus puertas, explican sus decisiones, enseñan sus imágenes y permiten que quienes contamos la Semana Santa podamos comprenderla desde dentro. Porque no se puede escribir bien de lo que no se conoce. Y no se puede querer de verdad lo que solo se adorna.

Recibir un premio que lleva el nombre de Francisco Rodríguez Pascual obliga además a recordar que la religiosidad popular no es una manifestación menor ni una costumbre pintoresca. Es una forma de cultura viva. Es memoria colectiva. Es una manera de expresar la fe, el duelo, la belleza, la pertenencia y la continuidad de una comunidad. En Salamanca, además, esa expresión se mezcla con piedras centenarias, calles únicas y una personalidad procesional que no necesita imitar a nadie para ser profundamente valiosa.

Por eso, más que un punto de llegada, este galardón lo siento como una invitación a seguir mirando la Semana Santa con la misma mezcla de respeto, curiosidad y libertad. Con gratitud hacia quienes me lo conceden, pero también con la convicción de que el mejor homenaje que puede hacerse a una tradición no es callar sus problemas, sino contribuir a que siga creciendo.

Porque querer la Semana Santa no significa aplaudirlo todo. A veces significa exactamente lo contrario: tomársela tan en serio como para no conformarse.

 


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