El mes
de mayo es el mes mariano por antonomasia (sin olvidar la dedicación al rosario
que tiene su hermano octubre, claro…). Aparte de la antiquísima,
tradicional e inveterada ofrenda diaria de oraciones y sacrificios, comúnmente
conocida como las flores de mayo o del popular y ya prístino Rosario
de la Aurora, varias transcendentales celebraciones marianas se ubican en
esta parte del calendario. Si el día 24 se honra ―en todo el mundo― a María en
su advocación de Auxiliadora, no menos conocida, famosa y ensalzada en
todo el orbe católico es la conmemoración de Nuestra Señora del Rosario de
Fátima el 13 de mayo.
Sería
ocioso ―amén de prolijo― repetir aquí la historia de esta aparición. En Salamanca,
su veneración corre paralela a la orden dominicana (como es obvio, por su vinculación
histórica al rosario), y es en San Esteban (prácticamente desde los inicios de la
devoción) donde se celebra la principal y más antigua novena anual en honor de
tal advocación. Que regularmente se remata con la procesión de la imagen[1] por el Claustro de los
Reyes acompañada del rezo del Santo Rosario.
Lo
verdaderamente llamativo y original de esta talla es su autor y su historia, desconocida
para la inmensa mayoría de los salmantinos. Esta escultura fue realizada por José
Ferreira Thedim (si bien en la firma de sus obras el apellido aparece como Tedim,
sin la hache intercalada).
Thedim
(Sao Mamede de Coronado, 1892-1971) fue un escultor portugués al que cupo la
inmensa suerte de poder labrar la imagen «oficial» de Nuestra Señora de Fátima.
Entre 1919 y 1920, cuando contaba con veintisiete años, realizo la primera estatua
de la Virgen de Fátima, tallada en madera de cedro policromada. Al acabarla tuvo
una entrevista con Lucia dos Santos (la más famosa de las videntes), la cual le
aconsejo algunas modificaciones para que la imagen fuese lo más fiel posible a
lo que ella vio. Esta imagen se colocó en la Capelinha de las
apariciones, bendecida por el Papa Pío XI y coronada.
Después
de la Segunda Guerra Mundial, al verse cumplida la profecía de la Virgen aparecida
en Fátima, hubo un repunte de la devoción a esta advocación y se solicitó ―insistente
y abundantemente― que la estatua peregrinase por las capitales europeas. Ferreira
Thedim decidió entonces crear una estatua nueva, y volvió a entrevistarse con sor
Lucía que, a su vez, recibió una solicitud del obispo de Leiría para hacer
peregrinar a la imagen primera hasta una serie de comunidades que la
solicitaban. Sin embargo, se decidió dejar esta en el emplazamiento original.
Aun esculpió Thedim otra imagen para el peregrinaje. Y realizó al menos un par
de ellas más en esta época (finales de los 40 y principios de los 50).
A lo
largo de su vida, Ferreira Thedim labró varias copias de la talla. Lo curioso del
caso es que solo las primeras responden a la réplica de la original que se
conserva en el santuario de Cova de Iría y sus «dobles» peregrinas. Después, Thedim comenzó a incluir
en las ―tampoco excesivamente numerosas― reproducciones algunas variaciones;
nunca en el rostro o en los colores de las vestiduras (que pretende ser el reflejo
de lo descrito por Lucia dos Santos), pero si, sobre todo, en el tamaño y en detalles
de la pose (como menor o distinta inclinación de la cabeza).
Y
nosotros en Salamanca gozamos de un ejemplar con las características originales
y primigenias. Porque, sí, nuestra imagen es obra de Ferreira Thedim. Una de las
primeras réplicas. La primera ―para ser exactos― después de la original y las
dos peregrinas. Y conserva la iconografía «oficial», pues es reproducción casi
exacta (un ojo no avezado será incapaz de encontrar las diferencias) del
original de la capelinha. Ese privilegio, aparte de las «oficiales» (la de Cova de Iría y las peregrinas),
solo puede reclamarlo la que se halla en el Pontificio Colegio Portugués de
Roma. Y casi casi la que se custodia en la Fatima Kapelle de Forst en
Baden-Wurttemberg (Alemania), aunque esta es ligeramente más grande de tamaño.
Todas las demás, aun del mismo escultor, posteriores, tienen algunas
diferencias con la primera.
La
imagen se talló en 1947 en el taller del artista en Sao Mamede de Coronado, según
consta en las firmas autógrafas del autor que se hallan en la nube sobre la que
reposan los pies de la Virgen y en el lateral de la propia peana, como puede
comprobarse en las fotografías adjuntas. En su emplazamiento habitual de la
hornacina del altar del crucero izquierdo de San Esteban, estas firmas no son
visibles, pero hemos podido fotografiarlo en uno de los procesos de montaje del
paso para la procesión.
Tras
salir del taller, la figura viajó el año siguiente hasta Salamanca por
carretera (haciendo algunas paradas para su veneración a lo largo del
trayecto). Y finalmente llegó en una furgoneta en la primavera de 1948, a punto
para su festividad, hasta el puente «nuevo» de Salamanca (el Enrique Estevan,
el único que existía además del romano en aquellos años). Allí fue cargada a
hombros para ser llevada en fervorosa comitiva hacia los dominicos, donde se
bendijo y quedo entronizada hasta el día de hoy. Los hechos, detalles y
recuerdos de este evento me han sido relatados por Maruja, veterana devota y
fiel a la novena y a la Virgen, así como por mi tía Mercedes (q. D. t. e. s.
G.), que fue terciaria dominica, participantes ambas en tan magna jornada.
Que
sepamos los salmantinos ―cofrades, devotos, fieles…― que tenemos la suerte de
contar con una imagen casi única en el mundo. Una de las cinco más originales (réplica
prácticamente exacta de la imagen oficial de Cova de Iría) y (de entre ellas)
una de las tres que ―respondiendo a la primitiva iconografía― están expuestas
en un lugar permanente.



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