viernes, 15 de mayo de 2026

Esfuerzo extraordinario

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Paco Gómez


15-05-2026

Fue Ricardo Rivero, cuando era rector de la Universidad de Salamanca, el que me dijo que le atraía la idea de que la Semana Santa era una de las pocas cosas que han llegado a nuestro tiempo atravesando siglos y como un esfuerzo colectivo de cada una de las sociedades que se van sucediendo.

Asombra pensar que algo tan delicado haya podido superar tantas y tantas dificultades. Y reconforta pensar que siempre ha habido un grupito de personas dispuestos a tirar del carro de una manifestación que, nadie me saca esta idea de la cabeza, en general nos hace mejores.

Lo del esfuerzo colectivo no es cosa menor, que diría aquel, sino uno de los puntos centrales de cualquier aproximación rigurosa a este fenómeno, siempre a caballo entre muchas realidades. Por muchos personalismos que se diga que haya, mucha batalla de egos (campanilismo lo llaman en Italia en una metáfora adecuada), al final sin la presencia de un colectivo más o menos nutrido, en la cofradía y la sociedad, en la procesión y en la calle, nada sería posible ni tendría sentido.

Después de años contemplando con mayor o menor entusiasmo la idea, que se iba desarrollando cada vez en más puntos de la geografía con variados motivos, y de meses de más intenso runrún, ya la tenemos aquí. Las cartas bocarriba y la invitación a las hermandades de formar parte de una procesión extraordinaria en septiembre.

Un asunto que ha marcado completamente los corrillos cofrades durante los últimos días con variadas visiones. Creo que el enfoque más certero del asunto me lo dijeron el otro día en una conversación apresurada en la calle: es como cuando un ser muy querido te invita a su boda. Igual es un gasto con el que no contabas; a lo mejor es una fecha en la que habías pensado irte a la playa; la última vez que te pusiste traje pesabas quince kilos menos… pero sabes que no puedes decir que no y que al final, por mucho que refunfuñes, acabarás yendo y gritando con la corbata anudada a la cabeza que vivan los novios.

Por encima de todo, me parece que es Salamanca la que llama. Yo no sé si es adecuado o no hacer una procesión extraordinaria en septiembre, pero si al señor obispo le parece oportuno, entiendo que habrá un motivo sólido que lo justifique. Mientras tanto, que la Salamanca cofrade se reúna en un proyecto común con motivo de un encuentro nacional de cofradías tampoco parece mala cosa.

Hay que probarse el traje y ver si hay que sacar de la cintura o de la sisa, claro. Una procesión extraordinaria, un esfuerzo extraordinario. Pero seguramente al echar cuentas acabemos coincidiendo en que merece la pena mostrar una señal de unidad, que vale tanto para los posibles espectadores de fuera como y, sobre todo, para los de dentro. Para algunas cofradías muy habituadas a actos repartidos durante todo el año, seguramente no sea costoso reunir un turno de carga y un cortejo aparente. Para otras puede ser un dolor de cabeza movilizar resortes que solo se activan de año en año, pero creo que salir adelante con esto será una forma de medir hasta dónde puede llegarse con la ilusión.

La selección de imágenes siempre será debatible (miren si no la lista de Luis de la Fuente) pero a priori parece una buena representación de la calidad imaginera que atesora la ciudad y de la devoción popular que lleva siendo tantos años el motor de este invento (aunque a mí me falta Jesús de la Redención, todo sea dicho).

Pero, en definitiva, con independencia del membrete de la carta de invitación, creo que quien lo pide es Salamanca y es momento de generosidad y esfuerzo compartido en beneficio de algo que quizá vaya más allá de la propia cofradía y hasta la propia Semana Santa. Eso que llamamos el bien de todos.

 


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