Pues sí. Si tratásemos de alberizar (aterrizar taurinamente) en
Marte, por muy Morante, Roca Rey, Pablo Aguado o Talavante que torearan
enfundados en sus trajes espaciales con espadas láser, no habría ni Cristo en
dicho evento. Porque hay cosas que deben encarnarse en una cultura, un contexto
y un principio antes que cualquier fin espurio que se precie.
Recientemente hemos visto como un
cuadro, el Guernica de Picasso, ha
sido usado con fines terruñescos para satisfacer los egos onanistas de los
seguidores de Arana y Goiri y limpiabotas de ETA. Poco saben sus pretendientes
de txapela que dicho cuadro nació
como una oda visual a Ignacio Sánchez Mejías, su cornada y la famosa elegía que
narra dicho hecho luctuoso; lo que pasa es que Picasso, comunista de Salón y
con más querencia por el dinero (algo legítimo) que por las mujeres, reconvino
el cuadro y lo que narra perfectamente una cornada con miniados medievales y
figuras sacadas de las fosas abisales del surrealismo, se trasmutó, por dinero,
en un homenaje a la villa origen de los fueros vascos, bombardeada por la
Legión Cóndor de León, Guernica o Gernika, donde su roble representa un pasado
de libertades encadenadas a la sangre del dios nacionalismo (muy católico por
cierto, pues fueron muchos los que apoyaron el tiro en la Setién, perdón en la
sien). Gernikako Arbola, lo dice
todo.
Hasta el ministro que niega el
pan y la sal al bueno de Ignacio Sánchez Mejías, principal benefactor de la
Generación del 27, se ha mostrado díscolo a la petición euskalduna, hasta quien
sabe qué favores deberá devolver o felar el rabo de la boina del presidente del
descompuesto gobierno. Urtasun lo llaman y por ahora ha sido el peor ministro
de cultura, después de la censura franquista o borbónica de Fernando VII.
Menos recientemente, y pasado
bastante desapercibido, fue el suceso acaecido en la Hermandad Dominicana. El Titular,
fruto de no sabemos del todo qué manejo (siempre ante todo trasparencia) bajó
al suelo y quebró extremidades varias.
Quizás por las fechas podemos
intuir que, en la preparación del Vía Crucis del Pasión, moviendo una vez más las imágenes y jugar a mover, vestir y
desvestir (menos mal que en el caso que nos ocupa, tan sólo hay paño de pureza
tapando la imagen), se les vino al suelo.
Durante años, las penitenciales
en Castilla y León siempre se intitulaban como cofradías y no como hermandades,
porque sabemos bien nuestro carácter. Pretendían una vez al año acercar las
devociones hacia sus cristos, vírgenes y santos por parte del pueblo fiel y,
luego, una vez que volvían a sus pilastras y muros, con una comida, un par de
misas anuales y algún piadoso responso, caían en un letargo de setenta lustros.
No solo era dejadez, como alguno pueda pensar, sino que, sobre todo, era
mostrar que las imágenes sagradas, arrianismo íbero en estado puro,
representaban al mismo Hijo de Dios e Hijo del Hombre (título bíblico
especialmente referido al Cristo sufriente de la Pasión y Muerte) y que, como
tales imágenes sagradas, solo bajaban al suelo humano de pasos, angarillas y
parihuelas una vez al año, tal vez dos y poco más. Básicamente, de la parihuela
al pedestal trescientos sesenta días y del pedestal a la parihuela, cinco días
si acaso o una mañana o una tarde como mucho.
Ahora, por mor de modas y
costumbres, las imágenes están dejando de ser sagradas; se las maneja. Se las
viste y desviste. Se las manipula. Se las baja, se las sube… porque es como
jugar continuamente a los Playmobil de Semana Santa, pero en real. Y sí. Mi hijo
Yago hace procesiones todo el año. Pone al culto besapiés. Monta sus tronitos;
sus pasitos. Hace procesiones de gloria, estaciones de penitencia, procesiones
sacramentales, virginales y santeras. Pero es un niño enamorado de esta bendita
enfermedad (en Semana Santa le regalé cincuenta penitentes de color morado en
3D de tamaño Playmobil, para que siguiera aumentando su cofradía de la ilusión,
forja de un futuro).
Lo malo es cuando no se quiere
madurar y seguimos jugando a los muñecos con imágenes de verdad, quitándolas el
aurea de santidad, y, lo que es más grave, de devoción. Y las movemos y las
jodemos. Sí. Se le rompen los platos a quienes friegan. Pero bien es verdad que
fregar todos los días lo que está limpio no tiene sentido salvo recabar informes
de estulticia y capacidades diversas.
Genial el comunicado. Su resumen
podía haber sido que, consultados todos los implicados, a los que se ha alabado
su gran fazaña, se ha optado porque
se pueda cargar algo para evitar una rebelión de hermanos de carga (en este
caso la cruz), pero lo importante en esa hermandad ha sido siempre («siempre»
de cuatro días ahora) el costal, la morcilla, la zapatilla y la faja.
Evangélicamente la cruz debiera haber ido detrás de la Piedad. Pero es mucho
pedir que los propios consejeros espirituales puedan dar alguna formación e
indicación, cuando son los mismos que han amparado la deriva.
Y sí. De traca personal lo de la
pluralidad de opiniones, cuando esos mismos abajo firmantes del comunicado han
pedido la cabeza de un servidor por firmar artículos no convenientes con el
presidente del gobierno (de la Juventus, me refiero). Fuegos fatuos de ingenio
semanasantero.
Hay que reconocer que el
histrionismo bético en la Semana Santa salmantina, y concretamente en la
Dominicana, ha llegado a tal punto, que convirtieron al Buena Muerte en un Tres
Caídas. Todo sea por Triana (y por Concilio de Trento y Arroyo de Santo
Domingo).
Y ni siquiera procesionó Proyecto
Hombre, algo gestado con gran acierto en los mandatos de Manolo Toral y que
acercó la caridad a lo más íntimamente humano de la penitencial más querida por
mi parte de toda la Semana Santa charra. Porque Proyecto Hombre es una de las
instituciones que más evangelio de vida ha aportado a la sociedad de Castilla y
León. Eran el Cirineo del Pasión en
la Estación de Penitencia. Eran los crucificados caídos por las priostías de la
droga y las adiciones varias de la procesión de la vida hecha muerte.
Ni Cristo. Ni en la cruz de su
paso ni en la procesión de las adiciones de la vida.
Ni Cristo. Ni Cristo ha dimitido.
Y luego miramos para abajo. Para lo que nos interesa. Aquí ha imperado una
Hermandad de Silencio más al estilo Corleone que a la de Jesús Obrero de
Pizarrales.
Ni Cristo.
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