Cuando
los hombres vieron a Jesús como un Cordero inocente antes de partir hacia el
matadero, exclamaron: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre
nuestros hijos [Mt 27,25]. Porque sabernos de la eficacia de esta sangre,
los creyentes podemos hacer de este grito una bella oración. Uvas, vino y
sangre viene a ser un via sanguinis en doce
estaciones. El recorrido pausado y orante por cada una de ellas puede ayudar al
que lo haga a crecer en adhesión personal a Cristo Redentor y en compromiso
evangelizador.
PRIMERA
ESTACIÓN. En la última cena
Venid y… bebed el vino que he mezclado [Prov 9,5]
En aquella tarde memorable, en la última cena con los tuyos, habiendo amado hasta el
extremo, hablas como vid verdadera a tus sarmientos. Les haces una sugerente
invitación: Tengo preparado el vino;
venid a degustarlo.
Con todo lujo de detalles haces saber a los tuyos las
características del vino que has preparado: Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y
por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Habla la vid a los sarmientos: Lo mío es vuestro; quiero compartir con vosotros lo mejor de mí: la
savia que corre por mis venas.
La mesa ha quedado servida con el mejor de los vinos. La
invitación está ahí. Si le dejamos plantado con la mesa puesta, nos privaremos
del efecto bienhechor de tal vino. Tú te lo pierdes y a él le entristeces.
SEGUNDA
ESTACIÓN. Sudor de Sangre
…venid, pisad, que el lagar está lleno y
las cavas rebosan [Joel
4,13]
Todo está preparado: el lagar hasta el borde y las cavas a
rebosar. Solo queda que entres con los pies desnudos a pisar los racimos. En
cuanto lo hagas cada poro de tu piel empezará a sudar vino.
Sudor de sangre en medio de la noche en un huerto de olivos. Sabes bien lo
que te espera. Estás dispuesto, pero la carne no acompaña. Hay una copa de vino
que has de consumir.
Entras en el lagar y empieza la faena; y las primeras gotas
de mosto rojo van coloreando tu carne: los amigos que se duermen; uno de los
tuyos que te traiciona; un puñado de compatriotas que te detiene; tu pueblo que
te rechaza.
Solo ese vino podrá reconciliar a la humanidad con Dios;
por ello, no te detengas y sigue pisando la uva.
TERCERA
ESTACIÓN. Agua para el gobernador
Si alguno no permanece en mí, es
arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al
fuego y arden. [Jn
15,6]
El gobernador romano en Palestina y tú os habéis quedado
solos, cara a cara. Tu sangre bienhechora le ha salpicado. Alguien grita: «Agua para el gobernador». Y el pobre
Pilatos se lava.
Tú eres la vid verdadera y quisiste injertarle en ti.
Deseabas aportarle los nutrientes que guardas en tu cepa y se resistió. No
quiso permanecer en ti y se secó como lo hacen los sarmientos podados.
Cortar con la vid es cortar con la vida. Permanecer en la
cepa es disfrutar de la savia que corre por ella.
Romper contigo es cerrarse toda salida de futuro; es
secarse y venir a ser leña para el fuego del invierno. Sigue manchándonos con
tu vino y no permitas que nos lavemos como Pilatos.
CUARTA
ESTACIÓN. Espinas por corona
...pero tú has guardado el vino bueno hasta
ahora. [Jn 2,10]
¡Qué buen negocio has realizado! Te mataste para ganarlo
todo y lo conseguiste. Y ¡qué buen negocio hemos hecho nosotros!, pues todas
tus ganancias han venido a parar a nuestra cuenta.
Tuviste que hacer una elección y escogiste para ti espinas por corona y a nosotros, en
cambio, nos coronaste de gloria y dignidad.
Sacaste al final el mejor de tus vinos, al darnos lo mejor
de ti: tu sangre. Lo tenías bien guardado en un lugar secreto de tu bodega.
Largo tiempo tuvimos que esperar para recibir aquella
corona, para degustar este vino. Pero mereció la pena tan larga espera, ya que nunca
es tarde cuando la dicha es tan buena.
QUINTA
ESTACIÓN. Una cruz a la espalda
Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. [Mc 12,8]
Allí, en lo alto de un monte, había que trasplantar una
cepa para que todos pudieran disfrutar del mosto de sus uvas.
En la ciudad no se estimaban tus racimos ni el vino que de
ellos se obtenía. Y te echaron de la ciudad y lloraste por la ciudad y saliste
de ella con una cruz a la espalda.
Arrancaste la cepa y cargaste con ella. El camino hacia el
monte no iba a ser fácil. Lo conseguiste y allí, extramuros de la ciudad y a la
vista de todos, plantaste la cepa para que todos –ciudadanos y extranjeros– se
guardaran a tu sombra y pudieran disfrutar de sus frutos.
Tu expulsión nos obtuvo la ciudadanía de tu Reino. Tu sangre
nos devolvió los derechos. Derribaste el muro para hacer del mundo tu ciudad.
SEXTA
ESTACIÓN. Una
mano amiga
Llegaron al valle de Eskol y cortaron allí
un sarmiento con un racimo de uva, que transportaron con una pértiga entre dos.
[Núm 13,23]
Ardua se presentaba la empresa: transportar un pesado
sarmiento para que plantado en lo alto de un monte, llegado el tiempo, pudiera
el mosto correr –ladera abajado– por las torrenteras para alegría de los
mortales.
Necesitabas para ello una mano amiga que te ayudara, porque toda carga compartida es
más fácil de soportar. Siempre te ha gustado pedir colaboración y de buen grado
la recibes.
La causa era noble y el hombre de Cirene te echó una mano,
porque mutuamente hemos de ayudarnos a sobrellevar las cargas.
El sarmiento está ahora cargado de racimos de sangre,
listos para teñir de rojo el mundo. Y apelando a la nobleza del ser humano
preguntas: «¿Quién me echará una mano
y me ayudará?».
SÉPTIMA
ESTACIÓN. Lágrimas en el camino
Nadie, después de beber el vino añejo, quiere
del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno». [Lc 5,39]
Tienes ganas por llegar a la cima del monte. Te mueres por
pisar, en el inmenso lagar allí preparado, un racimo henchido de sangre que
cargas dentro de ti.
Lágrimas en el camino te detienen. Son las de un puñado de hijas de Jerusalén que
se compadecen. Tienen buena intención, pero les falta entendimiento como al que
nada sabe de vinos.
El entendido en vinos no duda a la hora de elegir: donde
esté el añejo que se quite el joven.
El que sabe de las cosas importantes prefiere el vino de
solera que se guarda en el racimo de tu corazón al agua de unas lágrimas que se
evaporan.
OCTAVA
ESTACIÓN. Cosido a la Cruz
Y le ofrecieron vino mezclado con mirra,
pero él no lo tomó. [Mc
15,23]
Has cargado a tu espalda, en ascensión sostenida, una cepa.
Las raíces al aire tienen que ser enterradas. Pero antes te tienes que abrazar
a la cepa y dejarte clavar en ella.
Cosido a la cruz y a punto de ser levantado, te ofrecen vino mezclado. No lo
tomas. Tú estás preparando otro vino y el éxito de la labor demanda
concentración y claridad de mente.
Pusiste toda tu pericia, fruto de tu amor, en la labor y
obtuviste un vino inigualable. Rechazaste la mezcla para preparar algo
auténtico y genuino.
Están llenas tus bodegas de sangre preciosa. No dejas de
invitar y de ofrecer el más puro vino. Las puertas están abiertas de par en
par. A nosotros nos queda entrar y beber. Es de balde y no hay límite en la
cantidad.
NOVENA
ESTACIÓN Cara a cara, corazón a corazón
Yo soy la verdadera vid... Si permanecéis en mí... pedid lo
que deseéis. [Jn
15,1.7]
Quisiste comenzar la fiesta del vino ya en el monte. Allí
mismo comenzaste la delicada operación del injerto. Colocaron junto a ti, vid
verdadera, dos sarmientos secos.
Y comenzó un diálogo –cara a cara, corazón a corazón– entre ti, vid verdadera, y uno
de aquellos sarmientos: Quiero ser
injertado en ti, te pidió y tú le respondiste: Todo el torrente de mi sabia es para ti.
Tú admites más injertos. Injertados en ti y permaneciendo
en ti todo lo tuyo es nuestro. Nuestro será, si lo pedimos, el vino del Cielo:
tu sangre.
Hay que pedir sin miedo y hay que pedir lo más grande. Lo
demás se nos dará por añadidura. Hoy
tú y yo beberemos en el Reino del fruto de la vid.
DÉCIMA
ESTACIÓN. Una madre y un amigo junto a la Cruz
Tu amor es mejor que el vino. [Cant 4,10]
La cosecha de la uva ha sido abundantísima. Ahora estás en
plena faena, pisando con fuerza los racimos. Te brota sangre a borbotones por
todas partes. Bermeja ha quedado ya tu carne.
Una madre y un amigo junto a la cruz
son testigos de tu trabajo agotador. No pierden detalle de
lo que pasa y no permiten que se pierda ni una sola gota de jugo de la uva.
La madre y el amigo saben de amor y con su presencia junto
al lagar proclaman que el amor que a chorro sale de la bodega interior de tu corazón
es mejor que el vino. En esto hay que fiarse de los expertos.
Quien busque amor que pregunte a la madre y al amigo.
Siempre dirán: Vete a la bodega repleta
de toneles llenos de un amor tan bueno que es mejor que el mejor de los vinos.
UNDÉCIMA
ESTACIÓN. Como un racimo cortado
La gloria de mi Padre está en que deis
mucho fruto. [Jn
15,8]
Has quedado agotado después de pisar la uva. Te has muerto
de cansancio, pero todas las tinajas han quedado llenas de vino. Todo está
cumplido.
Como un racimo cortado te bajan de la cruz y te recogen los mismos brazos que de
niño te fajaron. Aquella mujer te había dicho unos años antes: No tienen vino y no paraste hasta
conseguir vino para todos.
El bueno olor del vino sube hasta el cielo. La sangre rebosa
de las cavas y se extiende por toda la tierra. Has cumplido el encargo del
Padre, dando vida al hombre y así has dado gloria a Dios, pues su gloria
consiste en que el hombre viva.
El Padre espera ver mucho fruto en los que hemos sido
injertados en ti. La gloria que a él le damos será la abundancia de racimos de
buenas obras.
DUODÉCIMA
ESTACIÓN. La cepa ha retoñado, la vid ha florecido
El vino nuevo, en pellejos nuevos. [Mc 2,22]
Al resucitar se cubrieron de gloria tus cinco llagas. Ha
salido por ellas tanto vino nuevo que hasta la vendimia final todos los hombres
podrán alegrarse al disfrutar de él.
Como el vino es nuevo se ha de guardar en recipientes
nuevos. Tu resurrección es invitación a vida nueva. Hay que ojear odres y
pellejos no sea que por estar en malas condiciones no aguanten la fuerza del
nuevo vino.
El vino de tu resurrección es semilla de vida eterna.
Beberlo es cargarse de esperanza.
Terminada tu misión, comienza nuestra tarea. La cepa ha retoñado, la vid ha florecido
después de la gran sangría. Todo el mundo ha de quedar bañado en su sangre.
Comienza ahora la tarea del reparto y eso ya nos toca a nosotros.




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