Resulta
frecuente escuchar en nuestras conversaciones diarias que el mundo está carente
de sentido. Una gran confusión parece derivarse de un exceso de información y
de informaciones contradictorias, como si todo estuviese destinado a que no se
pueda discernir qué es verdad y qué no lo es. Por otra parte, que una
determinada realidad, aunque esta sea toda, tenga sentido o no, no depende
únicamente de ella misma y del contexto donde está inmersa, depende también de la
realidad a la que esté referida.
Cuando
contemplamos la Pascua nos damos cuenta en seguida de que la Resurrección del
Señor no tiene testigos, excepto, a lo mejor los guardias. El relato más
cercano, en el tiempo, es: «El ángel habló a las mujeres: “Vosotras no temáis,
ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como
había dicho”». (Mt 28,1-6). De modo menos detallado en los evangelios de san
Marcos y san Lucas son dos jóvenes con vestiduras blancas los que anuncian la resurrección
del Señor. Tampoco en el evangelio de san Juan se nos describe el momento. Los
testimonios que tenemos son el sepulcro vacío y que lo vieron resucitado. Pero
el momento mismo nadie lo vio.
Vemos
pues, que la humillación, es pública pero la gloria no acontece de la misma
forma. El que ama no busca su gloria sino la del que ama y Jesús busca la
gloria del Padre: su misericordia. Nadie podría vivir sin la misericordia de
Dios. Las apariciones del Resucitado no están destinadas a ninguna otra cosa
más que a la expresión del amor de Dios: reúne a los suyos como Buen Pastor,
los busca y los reúne ya que después de cada encuentro comprobamos que una de
las reacciones es ir a anunciarlo a los demás. ¿Qué sentido tiene esto? El
sentido es justamente el amor del Padre, que es lo que el Señor quiere
manifestar. Ni protagonismo ni gloria, ni venganza ni humillación de los
vencidos, ni ajuste de cuentas ni demostración de poder… es el servicio que el
Hijo del Hombre presta para que el hombre pueda volver a Dios, es el oficio de
la reconciliación y la llamada a confiar. La referencia de Jesús es el Padre y
Dios es AMOR. El servicio del Señor es mostrar el AMOR del Padre, y esta es la
referencia del Señor toda la vida, nadie puede vaciar de contenido esta
referencia.
El
amor a Dios y al hombre da sentido a la Pasión, y la Resurrección muestra el
sentido de su vida en plenitud, sin embargo, vivir sin Dios queriendo dominarlo
todo, como si tuviéramos poder para ello, o no querer compromiso ninguno más
que vivir yo mismo hace que lleguemos a un mundo semejante al que tenemos. La
entrega que hemos celebrado tanto en la liturgia como en las procesiones ahora
debe hacerse vida, y vida de cada día, en cada cofrade. Así podrán descubrir la
presencia del Resucitado en nuestro mundo de hoy y encontrar en él la luz que
ilumina la historia de cada persona.
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