miércoles, 20 de mayo de 2026

Si hay que procesionar…

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Manuel J. Grilo

Cabecera de la Basílica de la Antigua Catedral de San Patricio, Nueva York

20-05-2026

La Iglesia, la vida de la Iglesia, desde sus inicios, ha vivido entre tensiones. Conocidas y archiestudiadas son, por ejemplo, las disputas cristológicas, iconoclastas, etc. Una forma directa de superación de estas cuestiones ha sido la tríada de la Tradición, Magisterio y Escritura.

Si nos fijamos ahora en otros problemas teológicos de amplio calado, que han tenido mucho recorrido histórico, como son por ejemplo los dogmas marianos, la máxima lex credendi, lex orandi, ha supuesto un acicate fundamental para su solución e incluso para la formulación y fijación de dogmas.

El cuerpo doctrinal, la vida de fe, la definición de los sacramentos, etc. ha tenido una historia larga hasta llegar a nosotros, pero muy clara en cuanto a su proceso. Gracias a esto que hemos referido, hay ciertos principios fundamentales que debemos tener claros como fieles católicos. Y si no los tenemos claros, hemos de formarnos, que a nuestro alcance hay medios.

Ahora bien, hay ciertos elementos en la vida de fe del cristiano que también son más adaptables y que, en su definición, así queda también claro. Hablamos por ejemplo de los sacramentales, que, hablando de ellos en el Catecismo de 1992, tiene un párrafo especial dedicado a la religiosidad popular (nº 1674 CIC). Esta debe ser cuidada de manera especial por la Iglesia como manifestaciones particulares, locales. Es decir, que no son ejercicios de arqueología etnográfica, no son exposiciones museísticas, etc.

Sirva lo dicho hasta aquí para apuntar una línea de reflexión acerca de nuestros ejercicios de piedad propios y especialmente significados por diferentes motivos, como son nuestras imágenes de culto y aquellos actos que nos ayudan a llevar adelante en nuestra vida de fe.

Si la primavera se abre para nosotros con el gran e inagotable acontecimiento de los misterios de la Pasión de Nuestro Señor, y que año tras año los volvemos a recordar porque no se agotan, sino que son referencia constante de nuestra vida de creyentes, los demás momentos del año, con la Pasión como referencia, tienen su propia significación. Y tiene sentido que el momento de la celebración de los misterios de la Pasión estén concentrados en un solo momento, y que ese momento recoja de modo particular las manifestaciones, tan sublimes, de piedad popular como son las procesiones donde públicamente manifestamos nuestra fe, donde se hace una perfecta catequesis visual.

¿Tiene sentido en otros momentos? La pregunta es pertinente, la pregunta es grave, y la pregunta es poliédrica en cuanto a su abordamiento reflexivo, así como a sus respuestas. Es una pregunta a plantearse necesariamente en diferentes ámbitos. Es una pregunta de respuesta compleja. Está claro esto, pero ante todo y sobre todo hay un principio general a tener en cuenta: son estos ejercicios de fe privilegiados porque están en un marco litúrgico único. Forzar este acto en un tiempo ajeno a su privilegiado contexto litúrgico, más allá de hacer una manifestación esteticista, no supone más que un claro riesgo de pérdida de sentido con respecto a la propia naturaleza de estos sacramentales concretos, así como de los actos de culto propios de estas imágenes.



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