miércoles, 10 de junio de 2026

De Sahagún a Fuenteovejuna

| | 0 comments

Félix Torres



10-06-2026

Como las burras en la era volviendo al trigo, así vengo yo a incidir en el tema de moda, en ese asunto que nos tiene subyugadas las conversaciones cofrades más allá de ámbitos tabernarios, y que, por lo que parece, es conversación de recurrencia, temerosa en muchos casos, entre juntas de gobierno y otras instancias cofrades. Porque resulta que lo que no es sino una simple procesión, por más que la apellidemos «magna», se ha convertido en quebradero de cabeza para más de uno y para más de una... cofradía.

Pero no vengo yo a traer de nuevo la ya manida procesión extraordinaria septembrina, ahora que se acerca escandalosamente el verano y que todo debería comenzar a relajarse. Quiero hoy hacer hincapié en lo que parece que se da por sabido y que es el motivo de origen para esta salida extraordinaria de pasos y cofrades, en eso que reúne a casi media España cofrade –aunque para muchos no pase de visita turística–, y que no es sino este trigésimo séptimo Encuentro Nacional de Cofradías que se va a celebrar, por segunda vez, en nuestra ciudad. Y es bien cierto que, más allá de relajos piscineros, tenemos el evento a la vuelta de agosto y no se puede, no se debe, dejar la casa sin barrer hasta que casi empecemos a verle los cuernos al toro.

Las cofradías se van poniendo las pilas –tras haber aceptado la invitación a dicho Encuentro– y evalúan sus opciones para actuar lo más dignamente posible con el menor de los menoscabos posible. Lo que está en sus manos ya se va haciendo poco a poco. Igualadas, ensayos, colectas, llamamiento a cofrades y devotos... Pareciera que todo girase en torno a esa procesión y poco más. A esto, todos cuantos me conocen, saben que me he negado y me niego, porque veo extemporáneos y carentes de sentido estos acontecimientos procesionales. Pero una vez gastados todos mis argumentos en contra, siempre desde dentro y en las correspondientes asambleas, me pongo a disposición de la «autoridad» para lo que sea necesario en aras de un bien común, de un Encuentro que debiera ir mucho más allá que una simple procesión y en el que participaré, en este sí, como un cofrade más a pesar de mi oposición a procesiones otoñales.

Por encima de cualquier personalismo (léase el mío propio) y más allá de criterios que bien pudieran ser errados a vista de otros, debe estar la defensa unitaria de los intereses comunes y del bien general. En este caso, más allá de la inconveniencia de una procesión que, desde mi ignorancia recalcitrante, poco tiene de catequética y mucho de exponerse de cara a la galería, lo importante es que la Semana Santa de Salamanca, más allá de personalismos, como digo, organiza un Encuentro de Cofradías y los salmantinos estamos obligados moralmente a intentar que todo salga bien en cuánto nos sea posible. Más allá de organización y temática alejadas de lo que para algunos de nosotros supone la religiosidad popular (siempre discutibles... y claramente discutidas) como motor de estos encuentros, estoy seguro de que los que carecemos de profundidad de conocimiento algo de provecho obtendremos de charlas y mesas redondas.

Además, deberá ser un Encuentro que sirva para que los visitantes, conocedores tangenciales en su mayoría de nuestra Semana Santa, puedan disfrutar de la apacibilidad de nuestra vivienda por encima de procesiones y ajenos a la enjundia de ponencias suplidas por la piedra fregadera de unos monumentos que no dejarán de visitar y la de otras fachadas en cuyos interiores aliviarán su cansancio con unas buenas tapas. Porque para ellos, para los de fuera, este Encuentro será una magnífica excusa para disfrutar de Salamanca y para nosotros, los de dentro, un motivo diferente para hacer cofradía en septiembre, más allá de los tiempos de Pasión y cuaresma.

Seguro que los que participemos en el Encuentro Nacional de Cofradías, más allá de haber criticado en público y privado cuanto hayamos visto de criticable, pasaremos por hipócritas para más de uno –a los que seguramente no les falte razón–, pero hay ocasiones en las que la humildad debe vencer a la soberbia y, dejando a un lado la cerrazón que algunos llaman «principios», uno debe subirse al carro para no quedarse desde abajo mirando con cara de bobo... o de vinagre, que sería peor.

Sea esta actitud nuestro homenaje al santo patrón, San Juan de Sahagún –celebrado festivamente dentro de un par de días–, recordado como pacificador de bandos y amansador de bravos. Así que, como homenaje al santo, hagamos por pacificar, por colaborar, por contribuir y por participar. Y, si acaso, que Lope nos recuerde aquello de Fuenteovejuna sin necesidad de que muera ningún comendador.



0 comments:

¿Qué buscas?

Twitter YouTube Facebook
Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión